La poesía dominicana contemporánea: memoria, ruptura y pensamiento en José Mármol
José Mármol representa una poesía dominicana contemporánea que combina pensamiento filosófico, erotismo y reflexión metapoética en un diálogo constante entre lenguaje y experiencia.
Francisco Herrera
Reportero de Investigación

La poesía dominicana contemporánea se desarrolla en un espacio dinámico de tensión productiva entre memoria e innovación, identidad y desplazamiento, tradición y ruptura, donde el poema no se limita a reproducir su contexto, sino que lo interroga, lo desplaza y lo transforma mediante experimentación verbal y estética.
Este enfoque no entiende la tensión como una oposición rígida, sino como el campo desde el cual la escritura puede generar ruptura, desviación o nuevas posibilidades de sentido. Así, la poesía actual enfrenta una doble exigencia: dialogar con una tradición literaria de fuerte densidad histórica y, simultáneamente, cuestionar las formas heredadas de representar al sujeto, la nación, el territorio, el cuerpo y el lenguaje.
Dentro de este panorama plural, José Mármol (Santo Domingo, 1960) constituye una referencia significativa para comprender una de las vertientes más reflexivas de la poesía dominicana contemporánea: aquella en la que el poema se convierte también en espacio de pensamiento, interrogación del lenguaje y exploración de la experiencia.
A lo largo de varias décadas de escritura, Mármol ha construido una poética caracterizada por la indagación en el lenguaje, la reflexión filosófica, la experiencia erótica y una marcada conciencia de la propia escritura. Uno de los rasgos más significativos de su obra es convertir el poema en un espacio donde pensar no significa abandonar la poesía, sino profundizar en ella.
En su obra, la reflexión filosófica no aparece como un elemento externo impuesto sobre el lenguaje poético, sino como parte de su propia arquitectura verbal. El poema se convierte en un territorio donde pensamiento e imagen, concepto y sensibilidad, experiencia y lenguaje establecen una relación permanente. Desde su primer libro, El ojo del arúspice (1984), su escritura manifiesta una preocupación sostenida por el misterio de la existencia, la condición humana y las posibilidades de la palabra.
De ahí que se pueda hablar de una poética del pensar: una escritura en la que el poema no renuncia a la imagen ni a la musicalidad, pero tampoco renuncia al pensamiento. El poema, en consecuencia, no es únicamente representación de una experiencia, sino también experiencia del pensamiento.
Otro núcleo relevante de su poética es el erotismo, que no se reduce a la simple representación del deseo. En Mármol, el cuerpo se convierte en territorio de conocimiento y el deseo en una vía de aproximación al otro, estableciendo una relación profunda entre cuerpo, lenguaje, alteridad y deseo.
Esta dimensión adquiere particular intensidad en Lenguaje del mar, obra distinguida con el XII Premio Casa de América de Poesía Americana, donde el mar, el cuerpo, la sensualidad y la experiencia amorosa participan de una misma construcción simbólica. Aquí, el erotismo aparece transfigurado por el lenguaje poético: el cuerpo amado deja de ser exclusivamente objeto de contemplación y se convierte en presencia de la alteridad, aquello que atrae pero que conserva una zona de irreductible misterio.
Desde esta perspectiva, el erotismo puede leerse también como una forma de pensamiento: el deseo no solo busca poseer, sino que revela una falta, una distancia y una imposibilidad de alcanzar completamente al otro. El cuerpo se vuelve lenguaje y el lenguaje intenta aproximarse a aquello que el cuerpo nunca termina de revelar.
Uno de los aspectos más significativos de su escritura es su conciencia del lenguaje poético. La poesía no solo habla de algo; en determinados momentos vuelve la mirada sobre las condiciones mismas de su decir. El poema parece preguntarse qué puede expresar la palabra, dónde están sus límites y qué ocurre cuando el lenguaje intenta nombrar aquello que se resiste a ser nombrado.
Esta dimensión permite aproximar su obra a una lectura metapoética, entendida no simplemente como poesía que habla de poesía, sino como conciencia crítica de los mecanismos de producción del poema. En este sentido, el lenguaje se convierte en objeto de exploración: el poeta piensa mientras escribe y, al mismo tiempo, escribe sobre las posibilidades y dificultades de pensar mediante la palabra poética.
De este modo se establece una tensión fecunda entre pensamiento e imagen, concepto y metáfora, conciencia y experiencia. Cada libro puede leerse como una estación de un recorrido mayor: una exploración sostenida de la existencia a través de la palabra poética.
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Francisco Herrera
Reportero de Investigación
Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.
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