Educación

La lingüística tras la IA: más allá de la descripción automática

La lingüística debe ir más allá de la descripción automática de la IA y asumir un rol crítico en la interpretación de significado, memoria y poder en el lenguaje humano.

Carmen Rodríguez

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

domingo, 20 de septiembre de 20263 min de lectura
La lingüística tras la IA: más allá de la descripción automática
La lingüística tras la IA: más allá de la descripción automática

La inteligencia artificial está redefiniendo el papel de la descripción en las ciencias humanas, planteando un desafío fundamental para disciplinas como la lingüística, cuya tradición se ha basado en el análisis detallado de la realidad. Mientras las máquinas procesan millones de datos con velocidad y precisión superiores a la humana, surge la pregunta sobre el valor de una ciencia cuya función principal se limite a describir lo que ya puede hacer una IA con mayor eficacia.

El autor no propone abandonar la descripción, sino reevaluar su lugar en el proceso de conocimiento. Advierte que convertir la descripción en una finalidad, en lugar de un punto de partida, limita el potencial crítico y transformador de las ciencias del lenguaje. En este contexto, la lingüística moderna ofrece lecciones importantes: desde el enfoque estructural de Ferdinand de Saussure, pasando por la dimensión dialógica de Mijaíl Bajtín y la visión funcional de Roman Jakobson, se ha demostrado que el lenguaje trasciende las clasificaciones puramente formales.

Esta perspectiva se extiende a la cosmolingüística, propuesta desarrollada en la obra Cosmolingüística: discurso, ideología y cine (2022, Isla Negra, Puerto Rico), que define a esta disciplina como el estudio de los “universos comunicativos”. Su enfoque va más allá de la lengua aislada para abarcar las múltiples formas en que los seres humanos construyen significados, especialmente en contextos de poder, memoria e identidad.

Una máquina puede describir una guerra, calcular sus consecuencias o clasificar testimonios, pero corresponde al ser humano interpretar el significado del sufrimiento detrás de esos datos y decidir qué acciones tomar para evitar su repetición. Del mismo modo, aunque la IA puede identificar patrones sintácticos o léxicos en millones de enunciados, es el ser humano quien debe comprender qué significan esos discursos para sus productores y receptores, considerando que el lenguaje no solo informa, sino que también construye memoria, identidad, pensamiento, sensibilidad y relaciones de poder.

Por ello, la lingüística asume una responsabilidad que trasciende la descripción: puede mejorar la educación, fortalecer la comprensión lectora, desarrollar el pensamiento crítico, estudiar la discriminación lingüística, preservar lenguas amenazadas y fomentar una cultura de diálogo. El Caribe, con su historia marcada por la colonización, la esclavitud, las migraciones y la diversidad cultural, representa un escenario privilegiado para ejercer esta responsabilidad. En Haití, por ejemplo, la relación entre el francés y el criollo haitiano no puede entenderse únicamente mediante un análisis gramatical; detrás de ella existen historias de desigualdad, educación, identidad y poder.

La literatura profundiza esta dimensión humana del lenguaje. Figuras como Aimé Césaire, cuyo Cuaderno de un retorno al país natal (1956) transformó la palabra poética en memoria histórica y afirmación de dignidad frente al colonialismo, y Derek Walcott, quien en Omeros (1990) reconstruyó la experiencia antillana dialogando con la tradición clásica y la memoria de la esclavitud, demuestran que el lenguaje puede ser a la vez creación estética y conciencia política.

En tiempos de conflictos globales —como las guerras en Oriente Medio, el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania o las crisis humanitarias en Haití, Yemen y Somalia—, contar víctimas y analizar discursos es necesario, pero insuficiente. Las ciencias humanas deben ir más allá y preguntarse cómo se construye la imagen del enemigo, cómo se legitima la violencia y cómo las sociedades preservan la memoria. Solo así el conocimiento lingüístico cumple su función ética y social.

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Carmen Rodríguez
Sobre el autor

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

Periodista con más de 15 años de experiencia en medios dominicanos. Especializada en política y asuntos gubernamentales. Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.