Educación

La vigencia del concretismo brasileño: poesía, memoria y preguntas que perduran

Un libro de poesía concreta adquirido en 1978 por Salvador Santana sigue interpelando hoy, demostrando que la verdadera vigencia de una obra vive en las preguntas que sigue planteando.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

domingo, 13 de septiembre de 20263 min de lectura

Salvador Santana, poeta dominicano, adquirió durante la Feria del Libro de 1978 ejemplares de poesía brasileña vinculada al concretismo, movimiento que casi cincuenta años después sigue interpelando a nuevas generaciones de lectores.

Lo que podría parecer una simple anécdota de colección personal adquiere, según el testimonio de Santana, una dimensión histórica y crítica: un libro que viajó desde Brasil hasta Santo Domingo, pasó décadas en estantería y ahora regresa al circuito lector como objeto de memoria viva.

La conservación material de esos volúmenes no es solo un acto sentimental. Cada página guarda las expectativas de su primer lector, el contexto cultural de su adquisición y las preguntas que despertó en su tiempo. Así, el objeto bibliográfico se transforma en testimonio de una trayectoria intelectual que conecta 1978 con el presente.

Pero la memoria literaria, advierte Santana, no consiste únicamente en preservar libros. Consiste en reactivar las preguntas que esos textos encierran. Por eso, la lectura colectiva que propone alrededor de estas obras no es meramente recuperatoria: es una operación crítica que invita a preguntar qué permanece vivo del concretismo y qué nuevas posibilidades puede abrir hoy.

La pregunta central ya no es solo qué fue el concretismo, sino qué puede seguir preguntándonos. En este sentido, el movimiento brasileño —nacido en la década de 1950 alrededor del grupo Noigandres (Augusto de Campos, Haroldo de Campos y Décio Pignatari)— representa una reconsideración radical de la naturaleza del poema.

Con el Plano-piloto para Poesia Concreta de 1958 y la publicación de Teoria da Poesia Concreta: textos críticos e manifestos, 1950-1960 en 1965 por Edições Invenção, el grupo buscó romper con la linealidad del verso tradicional. La palabra dejó de ser solo discursiva para adquirir dimensión visual, el sonido pasó a tener función estructural y el espacio de la página dejó de ser un soporte neutro para convertirse en un campo de relaciones.

De esta visión surgió el concepto de verbivocovisual, que integra lo verbal, lo vocal y lo visual en una experiencia poética que puede leerse, verse, recorrerse y escucharse. El concretismo no modificó únicamente la forma del verso: cuestionó la transparencia de la página y propuso una nueva concepción del poema como objeto artístico total.

Aunque hoy las tecnologías digitales permiten un acceso instantáneo a textos, imágenes y archivos sonoros que antes requerían años de circulación física, la pregunta fundamental persiste: ¿qué hacemos con las nuevas posibilidades del lenguaje? Ahí reside la vigencia del concretismo: no como reliquia del pasado, sino como estímulo para seguir explorando los límites de la expresión poética en el presente.

Compartir artículo

Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.