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La memoria de Gratey: un testimonio sobre el teatro independiente en República Dominicana

Testimonio directo sobre el Teatro Gratey, su metodología, impacto social y legado en la historia del teatro dominicano independiente.

Carmen Rodríguez

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

sábado, 29 de agosto de 20263 min de lectura

La publicación de 'La escena alterada' responde a una necesidad de ordenar décadas de memoria colectiva vinculada al Teatro Gratey, un grupo que marcó una etapa fundamental en la historia del teatro dominicano contemporáneo. El autor, quien formó parte activa del proyecto, explica que el retraso en contar esta historia obedeció a la necesidad de una maduración temporal que permitiera trascender el mero recuerdo vivido para convertirlo en testimonio histórico.

Durante sus años de actividad, Gratey trascendió la mera producción escénica para desarrollar una metodología de trabajo, un modelo organizativo y un vínculo directo con públicos tradicionalmente excluidos del circuito teatral oficial. Sin aspirar inicialmente a construir patrimonio, el grupo contribuyó de forma significativa a la configuración de un segmento importante de la historia teatral nacional.

El enfoque elegido fue el de la memoria desde dentro, descartando una perspectiva académica distante para privilegiar una narración enraizada en la experiencia directa. Aunque el texto lleva la firma de un solo autor, se concibe como un esfuerzo colectivo que pertenece a todos aquellos que integraron el grupo: actores, directores, dramaturgos, técnicos, escenógrafos, músicos y productores, cuyas aportaciones individuales conformaron el tejido de Gratey.

El proceso de elaboración del libro implicó un reencuentro emocional y complejo con un pasado marcado por ausencias, transformaciones personales y espacios físicos ya desaparecidos. Este ejercicio de memoria permitió reconocer el valor histórico de acciones que, en su momento, se percibían como simples gestos cotidianos de jóvenes comprometidos con el arte.

La identidad de Gratey se definió por una aproximación rigurosa al teatro como herramienta crítica, lejos de la concepción del espectáculo como entretenimiento pasivo. El grupo se formó mayormente de forma autodidacta, estudiando a referentes universales como Stanislavski, Brecht, Grotowski y Miller, lo que exigió una disciplina fértil ante la ausencia de instituciones formales de teatro en la época.

Aunque no se identificaban como una agrupación partidista, su obra estuvo atravesada por el contexto político nacional, caracterizado por la transición posterior al régimen de los Doce Años de Balaguer y por tensiones sociales profundas. Su compromiso surgió de una conciencia de país, expresada mediante la búsqueda artística y no mediante propaganda directa.

El concepto de teatro popular fue interpretado como una descentralización radical: Gratey desarrolló una infraestructura propia con un minibús y equipos técnicos para llevar funciones a clubes, sindicatos, escuelas y plazas de todo el país. Llegaron a realizar entre cuatro y seis funciones semanales, superando habitualmente las veinte presentaciones mensuales, llevando el teatro directamente a los públicos en lugar de esperar su llegada a salas tradicionales.

Casa de Teatro jugó un papel central como espacio de encuentro, experimentación y articulación para Gratey y otros grupos del movimiento cultural de la época. Fue allí donde se gestaron proyectos clave, incluyendo festivales nacionales que convocaron a más de quince agrupaciones, asumiendo logística de transporte, alojamiento y alimentación para artistas de todo el territorio nacional.

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Carmen Rodríguez
Sobre el autor

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

Periodista con más de 15 años de experiencia en medios dominicanos. Especializada en política y asuntos gubernamentales. Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.