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La escritura como herida y resistencia en "La marca de la gaviota" de Elsa Báez

La marca de la gaviota de Elsa Báez explora la escritura como herida, resistencia y memoria en un sistema editorial que silencia voces auténticas.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

domingo, 13 de septiembre de 20264 min de lectura
La escritura como herida y resistencia en "La marca de la gaviota" de Elsa Báez
La escritura como herida y resistencia en "La marca de la gaviota" de Elsa Báez

La marca de la gaviota, novela breve de la escritora y comunicadora dominicana Elsa Báez, se presenta como una indagación intensa sobre la escritura, la maternidad, la invisibilidad social, el abandono y las condiciones del universo editorial dominicano. Desde sus primeras páginas, la obra asume un lenguaje confesional y provocador mediante el cual la protagonista, Azucena González (también llamada Susy), reconstruye su vida como si estuviera levantando un expediente contra sí misma, contra Christina, la Inefable, y contra un sistema cultural que convierte la sensibilidad en mercancía.

La narradora no busca indulgencia, sino formular una acusación: "No esperes redención. Esto no es una confesión para ser absuelta, sino un ajuste de cuentas" (pág. 17). Esta declaración establece una poética de la herida y determina el carácter áspero de la obra. Báez construye una voz que no procura agradar al lector, sino comprometerlo moralmente, convirtiéndolo en testigo de una historia en la cual escribir, editar, publicar y promover libros dejan de ser acciones inocentes para convertirse en expresiones de poder.

El lector es interpelado directamente mediante el uso de la segunda persona: "Te dejaré entrar. No porque lo merezcas, sino porque necesito testigos" (pág. 17). Esta estrategia elimina la distancia entre la conciencia narradora y quien lee, transformando la novela en una especie de carta acusatoria con fuerza oral cercana al monólogo dramático. El universo editorial no es meramente un telón de fondo, sino una metáfora de una sociedad que selecciona, corrige, descarta y silencia a quienes no responden a sus modelos de éxito, belleza, productividad y normalidad.

La configuración epistolar de la novela refuerza su dimensión confesional y acusatoria. Azucena dirige gran parte de su relato a Christina bajo el apelativo irónico de "Querida Inefable" (pág. 17). El adjetivo, que inicialmente podría expresar admiración, adquiere un sentido sarcástico: Christina es "inefable" no por su grandeza, sino porque su personalidad está construida mediante imposturas, apropiaciones y máscaras que dificultan distinguir entre la mujer real y el personaje público. La carta se convierte en un espacio de confrontación tardía, donde Azucena expresa lo que calló mientras permanecía detrás de los textos, las presentaciones y la imagen triunfal de su antigua amiga.

El uso constante del "tú" produce una cercanía agresiva, pues cada recuerdo parece formulado para perforar la defensa de la destinataria: "Yo todavía creía que el talento bastaba" (pág. 18), mientras Christina ya comprendía que la visibilidad podía imponerse incluso por encima de la autenticidad. Esta modalidad epistolar permite que el pasado sea revisado desde una conciencia herida que conoce el desenlace de los acontecimientos y que, por ello, interpreta cada gesto antiguo como anuncio de la traición futura.

La narración no reproduce la memoria de manera neutral: la corrige, la reorganiza y la edita, del mismo modo en que Azucena corregía los manuscritos ajenos. Contar se convierte, entonces, en una última labor editorial sobre su propia existencia, mediante la cual la protagonista intenta recuperar el derecho de firmar una historia que otros habían contado, explotado y deformado en su nombre.

Uno de los mayores valores lingüísticos de la obra reside en la coherencia de su campo metafórico. Elsa Báez convierte el vocabulario de la edición, la imprenta, la escritura y el mercado del libro en una gramática existencial con la cual interpreta la vida de sus personajes. Azucena no se limita a decir que ha sido ignorada: se define como un texto marginal, una voz sin firma, un manuscrito corregido por otros o una mujer condenada a ordenar palabras ajenas. Cuando describe a Mateo, afirma que nació "sobrescrito, con notas al margen. Como yo" (pág. 38); cuando recuerda su embarazo, observa que "algo nuevo comenzaba a escribirse sin preguntarme si quería participar en la historia" (pág. 37); y cuando juzga el abandono de Julián, declara que este "hizo las maletas y cerró ese capítulo" (pág. 41). Estas asociaciones no son simples adornos retóricos: forman una red semántica que comunica la imposibilidad de Azucena para separar la literatura de su propia experiencia.

La vida aparece como un texto sometido a fuerzas externas que intentan reescribirlo. En esa apropiación simbólica del léxico editorial se manifiesta la tensión entre la autenticidad y la apropiación, entre la voz propia y la voz impuesta, entre el acto de crear y el de ser creado por otros.

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Isabella Santos
Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.