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El origen y evolución de los términos castellano y español: una coexistencia histórica

Castellano y español coexistieron durante siglos como nombres de la misma lengua, reflejando distintos orígenes, usos y perspectivas históricas, culturales y políticos.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

domingo, 20 de septiembre de 20263 min de lectura
El origen y evolución de los términos castellano y español: una coexistencia histórica
El origen y evolución de los términos castellano y español: una coexistencia histórica

La historia de las denominaciones castellano y español no responde a un cambio súbito, sino a un proceso prolongado de aparición, difusión, predominio e institucionalización que se desarrolló durante siglos. Ambos términos coexistieron, adquirieron significados distintos y reflejaron distintas formas de identificar la lengua según el contexto político, cultural y territorial.

El término castellano surgió inicialmente para designar el romance desarrollado en el Reino de Castilla, conservando así la memoria de su origen geográfico. Su uso se consolidó en el ámbito erudito con la publicación de la Gramática sobre la lengua castellana por Antonio de Nebrija en 1492, cuya primera edición se imprimió en Salamanca. Este hito confirmó que, a finales del siglo XV, castellano estaba firmemente establecido como denominación gramatical, aunque no implicaba que fuera el único nombre en uso ni que todos los hablantes lo emplearan con la misma frecuencia.

Por su parte, el término español tuvo un origen gentilicial, referiéndose inicialmente a las personas relacionadas con España. Con el tiempo, adquirió valor glotónimo mediante una evolución semántica aproximada: españoles → lengua de los españoles → lengua española → español. Este proceso no fue mecánico, sino progresivo, y requirió que el contexto indicara claramente la referencia a la lengua y no a un grupo humano o territorio.

La expansión territorial y política de la monarquía castellana no provocó automáticamente un cambio de nombre. La lengua pudo traspasar las fronteras de Castilla y seguir siendo llamada castellano, pues ese término preservaba la memoria de su origen, incluso cuando su uso se extendió por la Península, Europa y América.

Según el lingüista Manuel Alvar, el tránsito de castellano a español fue el resultado de un proceso histórico prolongado, en el cual un romance surgido en Castilla se difundió, generó una literatura de alcance amplio y se convirtió en lengua común de comunidades cada vez más extensas. En este sentido, español no niega el origen castellano, sino que lo reinterpreta desde una perspectiva histórica ampliada: mientras castellano responde a la pregunta por el origen, español refleja la identificación alcanzada tras la expansión suprarregional de la lengua.

Amado Alonso sintetizó esta distinción con una frase expresiva: “El nombre castellano había obedecido a una visión de paredes peninsulares adentro; el de español miraba al mundo” (Alonso, 1968, p. 31, citado en Ennis, 2021). Esta formulación subraya que la elección entre ambos términos no dependía únicamente de la estructura lingüística, sino también de la representación que cada comunidad construía sobre su historia, su pertenencia y su proyección internacional.

Para evitar confusiones entre documentación temprana y triunfo inmediato de una denominación, el artículo propone distinguir cuatro fenómenos: aparición (primer testimonio conocido), difusión (multiplicación de usos), predominio (preferencia relativa en ciertos contextos) e institucionalización (adocción por gramáticas, diccionarios, academias, escuelas y administraciones). Este marco analítico permite entender que, aunque Nebrija usó castellano en 1492, ello no excluye que el término español ya estuviera en circulación o que ambas formas coexistieran durante mucho tiempo.

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Isabella Santos
Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.