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Ayocuan Cuetzpaltzin: el poeta nahua que anticipó temas universales de la literatura

Ayocuan Cuetzpaltzin, poeta y sacerdote nahua del siglo XV, anticipó temas universales como el Carpe Diem y el Tempus Fugit, combinando religiosidad, reflexión sobre la fugacidad de la vida y una temprana conciencia ecológica en sus versos.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

domingo, 20 de septiembre de 20263 min de lectura

Ayocuan Cuetzpaltzin fue un noble, poeta y sacerdote nahua del siglo XV, reconocido por su obra poética que combina profunda religiosidad, reflexión sobre la fugacidad de la vida y una temprana conciencia ecológica. Hijo de Cuetzpaltzin, gobernador de los pueblos de Cohuayocan y Cuauhtepec, pasó su juventud en Quimixtlan, un entorno de montaña marcado por lluvias y neblinas, donde fortaleció su vínculo con la naturaleza, tema central en sus poemas.

Tras su formación, recorrió los territorios de Huexotzinco y Tlaxcala, dialogando con otros poetas y recitando sus versos en voz alta, como sugiere el fragmento: “¡Que permanezca la tierra! / ¡Que estén en pie los montes! / Así venía hablando Ayocuan Cuetzpaltzin, / en Tlaxcala, en Huexotzinco”. Además de su rol poético, ejerció como sacerdote, lo que le valió el título de tlamatinime (sabio) y teohua (divino), reflejado en la dimensión espiritual de su obra.

Sus poemas, aunque escasos y fragmentarios, revelan una visión existencial marcada por la impermanencia: la vida humana es vana y efímera, como brotes que aparecen y desaparecen en la tierra. Sin embargo, ciertos elementos trascienden el tiempo: la amistad, descrita como “lluvia de flores preciosas”, y los símbolos poéticos —flores y cantos— que “perduran en la casa del Dador de la vida”, sugiriendo una naturaleza inmutable frente al paso efímero del ser humano.

En su poesía aparecen dos tópicos clásicos que luego se volvieron universales en la literatura occidental: el Carpe Diem y el Tempus Fugit. El primero, originado en las Odas de Horacio (siglo I a.C.) y influenciado por el pensamiento epicúreo, invita a disfrutar del presente. El segundo, presente en las Geórgicas de Virgilio, enfatiza la velocidad del tiempo que todo lo arrastra. Ayocuan Cuetzpaltzin anticipa estas ideas con versos como: “Gocemos, oh amigos, haya abrazos aquí” y “Ahora andamos sobre la tierra. / Nadie hará terminar aquí”, reflejando una conciencia del momento fugaz.

Su obra también contiene una temprana crítica al desequilibrio causado por el deseo humano de apropiarse y transformar la naturaleza: “El ser humano afea con su anhelo a las flores y a los cantos / y su inventiva los echa a perder”. Esta visión, que vincula la ambición humana con la degradación de lo puro, resuena siglos después en preocupaciones ecológicas y éticas.

La imagen de las huellas efímeras del ser humano sobre la tierra —comparadas con “estelas en el mar” o la espuma que dejan los barcos y se borra enseguida— fue retomada posteriormente por poetas como Antonio Machado en Proverbios y cantares (1912) y Juan Ramón Jiménez en El viaje definitivo, quienes reflexionaron sobre la fugacidad de la existencia y la permanencia de la naturaleza frente al tránsito humano.

Así, Ayocuan Cuetzpaltzin no solo constituye una figura clave de la poesía nahua prehispánica, sino que su pensamiento poético anticipa temas que resonarán en el Barroco, el Romanticismo y la Generación del 27, desde la meditación sobre el tiempo hasta la advertencia sobre el impacto humano en el mundo natural.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.