Salud

Vivir años como damnificado tras una tragedia profundiza las secuelas emocionales

Vivir años como damnificado tras una tragedia profundiza las secuelas emocionales, advierte la psicóloga Yesmín Meyer, quien señala que la prolongación de la vulnerabilidad agrava el trauma y afecta incluso a nuevas generaciones.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

miércoles, 2 de septiembre de 20263 min de lectura
Vivir años como damnificado tras una tragedia profundiza las secuelas emocionales
Vivir años como damnificado tras una tragedia profundiza las secuelas emocionales

La prolongación de la condición de damnificado tras un desastre puede transformar una experiencia temporal en una situación que deja profundas huellas emocionales, advirtió la psicóloga Yesmín Meyer. Según explicó, cuando las personas permanecen durante años en condiciones inadecuadas de vivienda, salud y bienestar psicológico, su proceso de recuperación se vuelve considerablemente más complejo.

Después de un desastre, lo esperado es que las personas reciban atención y se trasladen a un entorno seguro y protegido. Sin embargo, cuando esto no ocurre y la condición de damnificado se extiende por años, el trauma inicial puede agravarse por la sensación de abandono y la falta de cierre emocional.

El impacto de la vivienda inestable en la salud mental

Perder el hogar no implica únicamente la pérdida de bienes materiales, sino también la desaparición del espacio donde una persona encontraba protección, abrigo y tranquilidad. Meyer señaló que esta pérdida genera un impacto emocional significativo, especialmente cuando la persona inicialmente esperaba que su situación fuera temporal.

"Estamos hablando de personas que permanecen en la misma condición, cuando estas condiciones debieron ser temporales y no son condiciones óptimas en todo el sentido de la palabra: ni de vivienda, ni de salud y mucho menos psicológicas"

La especialista explicó que esta prolongación puede generar frustración y un sentimiento de abandono por parte de las instituciones, el Estado, la sociedad o incluso el entorno familiar, lo que contribuye a agravar el trauma original.

Consecuencias en las nuevas generaciones

Otro aspecto preocupante es el efecto que esta realidad puede tener en los niños que nacen y crecen en condiciones de precariedad. Meyer advirtió que estos menores pueden llegar a normalizar la inestabilidad como parte de su vida familiar, lo que dificulta su desarrollo emocional saludable.

"Hay una normalización probablemente en esos niños que nacen de toda esa vivencia"

La psicóloga enfatizó que vivir durante largos períodos en condiciones inadecuadas no debería convertirse en algo que una nueva generación entienda como parte normal de su desarrollo.

Para Meyer, uno de los mayores obstáculos para la recuperación es la falta de un cierre de la experiencia traumática. Cuando las condiciones materiales, sociales y económicas permanecen prácticamente iguales durante años, la persona puede sentir que continúa viviendo dentro de la misma situación que provocó el trauma inicial.

"Es como vivir como si fuera un eterno huracán"

Comparó la situación con una herida abierta que no sana hasta que se sutura: "No hay forma de que eso se sane hasta que eso se suture".

El proceso de recuperación debe comenzar por garantizar condiciones de vida seguras, dignas y adecuadas, concluyó la especialista. Mientras una persona continúe expuesta a la inseguridad habitacional y otras formas de vulnerabilidad, será más difícil avanzar en la recuperación psicológica y emocional. Superar las secuelas de una tragedia requiere atender no solo el impacto inmediato, sino también asegurar que las personas puedan reconstruir sus vidas en un entorno estable y seguro.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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