Salud

Vitamina D: su papel clave en la salud intestinal y metabólica

La vitamina D regula la barrera intestinal, el sistema inmune y el metabolismo, con déficit frecuente en obesidad, enfermedades inflamatorias y hígado graso.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

lunes, 21 de septiembre de 20263 min de lectura
Vitamina D: su papel clave en la salud intestinal y metabólica
Vitamina D: su papel clave en la salud intestinal y metabólica

La vitamina D desempeña un papel fundamental en la salud digestiva y metabólica, más allá de su conocida función en el metabolismo óseo. Según la gastroenteróloga Ivelisse Liliana Jiménez de los Centros de Diagnóstico, Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (Cedimat), esta vitamina influye directamente en la integridad de la barrera epitelial intestinal, la regulación del sistema inmune y el equilibrio del microbiota intestinal.

Su déficit es frecuente en pacientes con enfermedades inflamatorias intestinales, especialmente en la enfermedad de Crohn, donde se observan comúnmente niveles bajos de 25-OH-Vitamina D. En estos casos, la vitamina D contribuye a mantener la función de barrera intestinal y a modular una respuesta inmunitaria menos proinflamatoria, actuando como un complemento favorable al tratamiento específico de estas condiciones crónicas pero controlables.

En el contexto de la obesidad y el hígado graso metabólico, existe una asociación epidemiológica consistente entre el exceso de tejido adiposo y los niveles reducidos de vitamina D en sangre. Esto se debe, en parte, a que la vitamina D, siendo liposoluble, tiende a distribuirse y acumularse en el tejido graso, músculo, hígado y suero, lo que disminuye su concentración disponible. Además, el tejido adiposo puede retener o secuestra la vitamina D, y en algunos casos se observa una alteración en la 25-hidroxilación hepática, clave para su activación.

La deficiencia de vitamina D también se asocia con resistencia a la insulina y alteraciones metabólicas, aunque los estudios actuales no han demostrado que la suplementación reduzca significativamente la inflamación o los niveles lipídicos en pacientes obesos. Asimismo, su falta puede contribuir a debilidad ósea (osteopenia u osteoporosis) y debilitamiento del sistema inmunitario.

Según los criterios clínicos, se considera deficiente un nivel sérico menor a 20 ng/ml. Para corregirla, se recomienda administrar vitamina D3 (colecalciferol) a una dosis de 5.000 UI diarias durante 8 a 12 semanas, seguida de una dosis de mantenimiento individualizada una vez alcanzado el nivel objetivo. La meta terapéutica, según las sociedades de Endocrinología, es lograr niveles mayores a 30 ng/ml.

En situaciones de malabsorción, como en la enfermedad celiaca, resección intestinal, cirugía bariátrica o síndromes de malabsorción extensos, puede ser necesario aumentar la dosis y realizar un seguimiento estrecho de la respuesta, ya que la absorción oral de vitamina D puede estar comprometida. En estos casos, algunos especialistas consideran beneficioso administrarla junto con vitamina K para optimizar su utilización.

Aunque no se ha establecido una relación causal sólida entre la vitamina D y la diverticulitis, algunos estudios han explorado una potencial asociación en pacientes con diverticulosis, por lo que medir y corregir déficits se considera una medida prudente en el abordaje integral de la salud gastrointestinal.

Compartir artículo

Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.