Economía

Thomas Piketty y la persistencia de la desigualdad global en la era de la IA

Thomas Piketty alerta sobre la persistencia de la desigualdad global: el 10% más rico capta el 53% del ingreso y el 37% de la riqueza, mientras la IA transforma el trabajo sin resolver la distribución de los beneficios.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

lunes, 17 de agosto de 20264 min de lectura
Thomas Piketty y la persistencia de la desigualdad global en la era de la IA
Thomas Piketty y la persistencia de la desigualdad global en la era de la IA

Thomas Piketty, economista francés y profesor en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales (EHESS) y la Escuela de Economía de París, ha sido una figura central en el debate internacional sobre la distribución del ingreso y la riqueza desde la publicación de su obra Capital in the Twenty-First Century en 2013 (en francés) y 2014 (en inglés).

Su análisis, basado en una extensa reconstrucción histórica de datos fiscales y económicos, demostró que la desigualdad no es un resultado inevitable de las fuerzas del mercado, sino que está profundamente influenciada por instituciones políticas, tributarias y sociales. Uno de sus conceptos más influyentes es la relación r > g, que señala que cuando la tasa de rendimiento del capital supera el crecimiento económico, tiende a acumularse más riqueza en manos de quienes ya poseen capital, favoreciendo la concentración patrimonial.

Esta tesis mantiene plena vigencia. Según el World Inequality Report 2026, el 10 % más rico de la población mundial recibe alrededor del 53 % del ingreso global, mientras que el 50 % más pobre obtiene apenas el 8 %. En cuanto a la riqueza, la distribución es aún más desigual: el 10 % más rico posee aproximadamente tres cuartas partes de la riqueza mundial, el 50 % más pobre apenas el 2 %, y el 1 % más rico concentra alrededor del 37 % de la riqueza global.

Estos datos reflejan que el problema de la desigualdad no se limita al volumen de producción económica, sino a cómo se distribuyen los beneficios del crecimiento entre quienes poseen capital, quienes trabajan y quienes carecen de activos suficientes para generar ingresos adicionales.

Entre las causas estructurales de la creciente desigualdad se encuentran la disminución de la sindicalización, los cambios en las instituciones laborales, la globalización, la apertura comercial, el cambio tecnológico y el aumento de las remuneraciones para trabajadores altamente cualificados. Tras la crisis financiera de 2008, el debate se intensificó, ya que la recuperación económica no se tradujo siempre en mejoras proporcionales en los ingresos laborales.

Actualmente, un nuevo factor está transformando el mercado laboral: la inteligencia artificial (IA), la automatización y la robotización. Aunque no existe una estadística internacional que attribuiya un porcentaje específico del desempleo exclusivamente a la tecnología, organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) estiman que aproximadamente el 40 % del empleo mundial está expuesto a la IA, una proporción que asciende al 60 % en economías avanzadas debido a la prevalencia de ocupaciones cognitivas y profesionales.

De esos empleos expuestos en países ricos, algunos podrían beneficiarse de la IA mediante aumentos de productividad, mientras que otros podrían enfrentar reducción de la demanda laboral, menores contrataciones o sustitución de tareas humanas. Por su parte, la OCDE indica que, en promedio, el 28 % del empleo en sus países miembros tiene un alto riesgo de automatización, aunque esto no implica la eliminación total de ocupaciones, sino más bien una transformación de las tareas laborales.

El impacto de estas tecnologías varía según las regiones. En América Latina, por ejemplo, un estudio conjunto de la OIT y el Banco Mundial señala desafíos específicos relacionados con la informalidad laboral y la brecha de habilidades, lo que podría agravar los efectos de la automatización en contextos de menor protección social y menor acceso a formación técnica.

En síntesis, la obra de Piketty sigue siendo esencial para comprender que la desigualdad es un fenómeno social y político, no solo económico. Su legado invita a reflexionar sobre cómo las instituciones pueden corregir las tendencias hacia la concentración, especialmente en un momento en que el cambio tecnológico plantea nuevos desafíos para la equidad en el trabajo y la distribución de la riqueza.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.

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