Salud

El síndrome del hombre ocupado: cuando la actividad evita el contacto emocional

La hiperactividad en hombres puede ser un mecanismo para evitar enfrentar emociones, advierte la psicóloga Laura Flórez del Centro Vida y Familia.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

jueves, 20 de agosto de 20262 min de lectura
El síndrome del hombre ocupado: cuando la actividad evita el contacto emocional
El síndrome del hombre ocupado: cuando la actividad evita el contacto emocional

La psicóloga clínica Laura Flórez advierte que muchos hombres han convertido la hiperactividad en un mecanismo de defensa emocional para evitar enfrentar sus sentimientos internos. Según su experiencia en el Centro Vida y Familia de Santo Domingo, este patrón se manifiesta en jornadas laborales extensas, agendas saturadas y rutinas intensas de ejercicio, todo bajo el discurso de estar “ocupado, pero bien”.

Flórez explica que esta conducta no nace necesariamente del entusiasmo, sino del miedo a la quietud, al vacío y a las preguntas incómodas que surgen cuando se detiene la actividad: ¿Estoy bien en mi relación? ¿Esto que hago tiene sentido? ¿Por qué me siento solo aunque esté rodeado de gente? En estos casos, el trabajo, el gimnasio, el fútbol o el uso de pantallas dejan de ser fuentes de disfrute y se transforman en anestesia emocional.

La experta señala que esto no implica que los hombres carezcan de emociones, sino que, desde la infancia, muchos han aprendido que expresar sentimientos es una debilidad y que el dolor se debe transformar en productividad. Esta desconexión con el mundo interno puede llevar, con el tiempo, a la alexitimia, definida como la dificultad para identificar y describir las propias emociones, condición más prevalente en hombres según estudios psicológicos.

El síndrome del hombre ocupado tiene efectos colaterales significativos: las parejas sienten que compiten con una agenda imposible, los hijos perciben a un padre físicamente presente pero emocionalmente ausente, y el cuerpo termina facturando el estrés crónico mediante insomnio, tensión muscular o enfermedades que obligan a parar.

Flórez concluye que la solución no está en dejar de producir o entrenar, sino en reintroducir pausas conscientes para preguntarse: ¿Estoy haciendo esto porque me llena o porque me ayuda a no parar? Ese pequeño ejercicio de autoconocimiento, según la especialista, puede ser el primer paso para reconectar con el mundo interno sin renunciar a la productividad.

Compartir artículo

Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

El síndrome del hombre ocupado: cuando la actividad evita el contacto emocional | Noticias Daily