La retirada de una obra de Kehinde Wiley de la Embajada de EE.UU. en Santo Domingo intensifica el debate cultural en EE.UU.
La retirada de una obra de Kehinde Wiley de la Embajada de EE.UU. en Santo Domingo intensifica el debate sobre arte, identidad y política en la guerra cultural estadounidense.
José Luis Cabrera
Corresponsal Internacional

La retirada de la pintura Young Artists After Siamesas 1960 de Kehinde Wiley de la Embajada de Estados Unidos en Santo Domingo ha generado una amplia repercusión en medios de comunicación de Estados Unidos, Reino Unido y España, convirtiéndose en un nuevo episodio de la denominada guerra cultural en el país norteamericano.
La obra, encargada en 2013 por el Departamento de Estado para su programa Art in Embassies, representa a cuatro jóvenes artistas dominicanos sobre un fondo de girasoles, peonías y tulipanes. Fue concebida tras el estudio que Wiley realizó de los pintores dominicanos Celeste Woss y Gily Gilberto Hernández Ortega.
El 11 de agosto, la embajadora Leah Campos publicó un video del desmontaje de la pintura, que aparecía cubierta con una lona estampada con la bandera estadounidense y era bajada mediante una plataforma elevadora al ritmo de We´re Not Gonna Take It de Twisted Sister. En el video, Campos declaró que la embajada abandonaba las ideologías "globalistas y woke" para abrazar "el patriotismo estadounidense".
Erin Scavino, directora de Art in Embassies y esposa del subjefe de gabinete presidencial Dan Scavino, calificó la obra como "muy woke" y "estéticamente aterradora". Posteriormente, el Departamento de Estado anunció que está estudiando la posibilidad de vender la pintura.
Un artículo de The New York Times publicado el 27 de agosto analizó la controversia, señalando que, a primera vista, el cuadro no contiene elementos subversivos: muestra a cuatro personas completamente vestidas y mayormente inexpresivas sobre un fondo floral. El articulista comentó que "palabras fuertes para un retrato de grupo" y sostuvo que el significado de la retirada reside más en la psicología que en la pintura misma.
El Times también contextualizó la trayectoria artística de Wiley, describiendo una fórmula repetida durante 25 años: jóvenes, principalmente negros, colocados en poses derivadas de la pintura histórica europea, sobre fondos ornamentales y con parte de la producción ejecutada por asistentes en China y otros lugares. La crítica Rachel Hunter Himes calificó este estilo como "una especie de estilo cortesano de la era Obama".
Según el análisis del periódico, el ascenso de Wiley coincidió con una cultura política que veía la presencia de rostros negros en los pasillos del poder como inherentemente progresista, y el avance económico negro dentro del capitalismo como antirracista. Sus retratos, con sujetos negros insertados en marcos reales e imperiales, habrían encarnado una época que identificó la representación simbólica con transformación colectiva.
Para el articulista, las "glorificaciones formularias" de Wiley fueron emblemáticas de una etapa ya clausurada que denomina "Woke 1". La ironía, según el crítico, es que Scavino parece rechazar la obra sin comprender que también podría servir como documento o crítica involuntaria de aquella cultura. En vez de examinarla, la administración la reduce a un talismán de Obama y la convierte en enemigo psicológico.
El contexto personal del artista también ha influido en el debate. En 2024, el Minneapolis Institute of Art canceló una presentación de An Archaeology of Silence, el Pérez Art Museum Miami suspendió y luego canceló sus planes, y el Joslyn Art Museum de Omaha aplazó otra exposición. Estas decisiones siguieron a acusaciones de agresión sexual formuladas contra Wiley, que él ha negado y calificado de falsas y difamatorias.
Aunque estas acusaciones permiten cuestionar al artista, no explican por qué este retrato específico de cuatro dominicanos sería considerado "aterrador". Cabe recordar que el Estado concedió a Wiley la Medalla de las Artes en 2015 por sus aportes a la diplomacia cultural.
El escándalo no enfrenta una obra indiscutible a censores incapaces de entenderla, sino dos formas de convertir el arte en emblema político. Al teatralizar su eliminación, la embajada hizo que una pintura relativamente serena adquiriera una carga ideológica mucho mayor que la que poseía colgada en la pared.
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José Luis Cabrera
Corresponsal Internacional
Periodista con experiencia en coberturas internacionales. Ex corresponsal en Washington D.C. y Nueva York para medios latinoamericanos.
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