Educación

¿Qué palabra falta en 'El eclipse' de Augusto Monterroso?

El microcuento 'El eclipse' de Augusto Monterroso omite intencionalmente la palabra 'Dios' para reflexionar sobre la fe, el conocimiento y los límites del control humano sobre el destino.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

domingo, 13 de septiembre de 20262 min de lectura

Augusto Monterroso es reconocido por su maestría en la brevidad narrativa, y su microcuento El eclipse constituye uno de los ejemplos más emblemáticos de esta habilidad. Con apenas 322 palabras, el autor guatemalteco construye una historia que combina elementos históricos, filosóficos y religiosos en una reflexión profunda sobre la condición humana.

El relato se centra en la figura de Fray Bartolomé Arrazola, un misionero español capturado por una comunidad indígena en Guatemala durante la época colonial. Tras tres años de convivencia, el fraile logra adquirir un conocimiento básico de las lenguas nativas, lo que le permite comunicarse con sus captores cuando estos lo llevan a un altar para ser sacrificado.

En un intento por salvar su vida, Arrazola recuerda que se avecina un eclipse total de sol y anuncia a los indígenas que podrá oscurecer el astro rey si lo matan. Su afirmación genera incredulidad inicialmente, pero dos horas después, cuando ocurre el fenómeno astronómico, el fraile es asesinado en el momento preciso en que el sol se oscurece.

El texto destaca no solo por su trama, sino por lo que no dice: Monterroso omite intencionalmente una palabra específica que, según el autor del análisis original, ocupa el primer lugar en el vocabulario de cualquier cristiano genuino. Esa palabra ausente es Dios, cuya ausencia invita a una reflexión sobre la fe, la razón y los límites del conocimiento humano frente a lo trascendente.

Además, el cuento pone en contraste el conocimiento astronómico de los astrónomos mayas, quienes habían registrado con precisión los ciclos de eclipses en sus códices, con la dependencia del fraile en autoridades europeas como Aristóteles. Este detalle subraya que la sabiduría maya en ciertas áreas no tenía nada que envidiar a la griega, desafiando nociones eurocéntricas de superioridad intelectual.

Finalmente, el relato concluye con una reflexión moral: cuando no se coloca a lo divino —ya sea bajo los nombres de Yahveh, Jehová, Alá u otros— en el primer lugar, el éxito humano está destinado al fracaso. La historia, pues, trasciende lo anecdótico para convertirse en una meditación sobre la fe, el poder del conocimiento y la fragilidad de la existencia humana.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.

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