Obesidad y sexualidad: cómo el exceso de peso afecta la función íntima y qué hacer al respecto
La obesidad afecta la salud sexual mediante alteraciones hormonales, vasculares y psicológicas en hombres y mujeres, pero es tratable con enfoque integral.
Ana María Guzmán
Editora de Salud

La obesidad puede influir significativamente en la salud sexual, tanto en hombres como en mujeres, mediante alteraciones hormonales, vasculares y psicológicas que afectan el deseo, la respuesta y el desempeño íntimo.
Según explicó el ginecólogo y sexólogo colombiano Fernando Rosero, el exceso de tejido adiposo puede modificar los niveles de hormonas sexuales, lo que a su vez impacta directamente en la libido y la función eréctil. En los hombres, uno de los problemas más asociados es la disfunción eréctil, vinculada a una disminución de la testosterona y alteraciones en la circulación sanguínea.
Estos cambios no deben atribuirse automáticamente al envejecimiento o al estrés, ya que pueden ser señales de factores de salud subyacentes que requieren evaluación médica. En las mujeres, la obesidad también se asocia con disminución del deseo sexual y alteraciones en la lubricación vaginal, lo que puede generar molestias durante las relaciones íntimas.
Sin embargo, los especialistas advierten que estos síntomas no tienen una causa única: el estrés, ciertos medicamentos, trastornos hormonales u otras condiciones médicas también pueden influir. Por ello, es fundamental no asumir que los cambios en la función sexual son una consecuencia inevitable del peso corporal.
El aspecto emocional también juega un papel clave. El estigma relacionado con el peso y la percepción negativa de la imagen corporal pueden generar inseguridad, vergüenza o temor al rechazo, lo que lleva a algunas personas a evitar la intimidad o a experimentar dificultad para sentirse cómodas durante el acto sexual.
Por esta razón, abordar la salud sexual únicamente desde el enfoque del peso puede resultar insuficiente. Los expertos destacan que es necesario considerar también el bienestar psicológico y la relación de la persona con su propio cuerpo como parte integral del tratamiento.
Si una persona experimenta de forma prolongada pérdida del deseo, dificultades eréctiles, problemas de lubricación, dolor durante las relaciones o cambios significativos en su respuesta sexual, se recomienda consultar a un profesional de la salud. Una evaluación médica puede determinar si existe una relación con el peso corporal o si otros factores —hormonales, emocionales, médicos o relacionados con medicamentos— están influyendo.
La principal recomendación es no normalizar estos cambios como algo inevitable. La función sexual forma parte de la salud integral, y los problemas persistentes pueden ser evaluados y tratados según su causa específica, mejorando así la calidad de vida y el bienestar general.
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Ana María Guzmán
Editora de Salud
Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.
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