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La llegada de los hijos y otros momentos clave que ponen en riesgo la relación de pareja

La llegada de los hijos, el trabajo, la rutina y otros cambios ponen en riesgo la relación de pareja. Expertos advierten sobre señales de desgaste y la importancia de cuidar el vínculo.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

jueves, 3 de septiembre de 20263 min de lectura
La llegada de los hijos y otros momentos clave que ponen en riesgo la relación de pareja
La llegada de los hijos y otros momentos clave que ponen en riesgo la relación de pareja

La llegada de los hijos representa uno de los momentos más delicados para la estabilidad de una relación de pareja, según explicó la psiquiatra Francis Báez en una entrevista con el Periódico Hoy. Aunque los hijos son el fruto del amor y deberían fortalecer la unidad familiar, esta nueva etapa puede llevar a que los padres descuiden su vínculo como pareja debido al agotamiento, la redistribución de responsabilidades y la falta de tiempo para el cuidado mutuo.

Báez identificó dos situaciones críticas que suelen ocurrir tras el nacimiento de un hijo: por un lado, la madre, sobrecargada con el cuidado del bebé y el trabajo, tiende a relegar a su pareja a un segundo plano; por otro, el padre, al tener que trabajar más y dedicar tiempo al hijo, olvida la necesidad de mantener espacios de intimidad y diálogo con su pareja. Esta dinámica puede generar un distanciamiento progresivo, donde incluso la vida sexual y los momentos de calidad desaparecen de la rutina.

"Llega un momento en que muchas veces los hijos entran en ese binomio y se hace un triángulo de la relación, el niño duerme en la cama, ya se espacian los momentos de relaciones sexuales y de intimidad", precisó Báez.

Además de la llegada de los hijos, otros factores ponen a prueba la relación, según la psicoterapeuta María Soranlly Grullón. Entre ellos se encuentran los problemas económicos, los cambios laborales, las enfermedades, las mudanzas y las dificultades familiares. Estas situaciones aumentan la presión sobre la pareja y pueden afectar su capacidad para comunicarse, apoyarse y afrontar los desafíos juntos.

Grullón advirtió que no es necesario esperar una gran crisis para detectar el desgaste. Señales cotidianas como la rutina que sustituye el compartir, la falta de conversación, la ausencia de espacios de calidad y el cansancio acumulado son indicadores tempranos de que la conexión entre ambos se está debilitando. Cuando dejan de comer juntos, de conversar o de dedicarse tiempo mutuamente, es momento de detenerse y evaluar el estado de la relación.

El desgaste también se refleja en el cuidado personal y en la percepción mutua, señaló Báez. Puede ocurrir que uno de los miembros empiece a ver al otro con menos atractivo o se irrite por detalles menores, producto del agotamiento y la falta de atención. Estos pequeños gestos, cuando se pierden, pueden generar malestar, distanciamiento y una pérdida progresiva del interés, e incluso llevar a comparaciones con otras parejas que parecen más felices o estables.

Ambas especialistas coincidieron en que una relación no debe darse por sentada. Mantener espacios de comunicación, afecto, intimidad y compañía es esencial para preservar el vínculo, incluso ante cambios importantes como la llegada de los hijos, problemas económicos o transiciones laborales. Identificar a tiempo el cansancio, la falta de intimidad, la ausencia de momentos compartidos y la pérdida de hábitos de cuidado mutuo puede ser clave para atender el desgaste antes de que se convierta en un problema más profundo.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.

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