Economía

La caída de la fecundidad en América Latina: el costo invisible de criar hijos

La fecundidad en América Latina cayó por debajo del nivel de reemplazo. El informe de la CEPAL señala que el costo privado de criar hijos, recaído principalmente en mujeres, es una de las causas principales.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

sábado, 22 de agosto de 20264 min de lectura

La tasa de fecundidad en América Latina y el Caribe cayó por debajo del nivel de reemplazo poblacional, fijado en 2.1 hijos por mujer, en la mayoría de los países de la región, según el informe Estado de la población de América Latina y el Caribe 2026 publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Este descenso marca el fin progresivo del bono demográfico, el período en el que la población en edad de trabajar crece más rápido que los dependientes, el cual se espera que concluya en promedio para 2028.

Las consecuencias laborales son significativas: mientras entre 2010 y 2022 la fuerza de trabajo en 20 países de la región crecía a un ritmo de 4.5 millones de personas anuales, se proyecta que entre 2040 y 2050 ese crecimiento se reduzca a apenas 1.5 millones por año, lo que representa una pérdida de un tercio del dinamismo laboral que ha sostenido el crecimiento económico regional.

El informe identifica como causa central el déficit del ciclo de vida económico, es decir, la brecha entre lo que una persona consume y lo que produce a lo largo de su vida. En la infancia y la vejez, el consumo supera al ingreso, mientras que en la edad adulta se genera el excedente que financia esas etapas. El problema radica en quién asume ese déficit, y aquí entra en juego lo que el informe denomina el triple sesgo del financiamiento en América Latina.

El primer sesgo es etario: en la región, apenas el 18.1% del consumo de personas de 0 a 24 años es financiado por el Estado, mientras que las familias asumen el 61%. En contraste, en Finlandia el Estado cubre el 46.3% de ese mismo grupo etario, lo que refleja un modelo de responsabilidad colectiva frente al enfoque predominantemente privado de América Latina.

El segundo sesgo es socioeconómico: solo los hogares cuyo jefe o jefa tiene educación superior logran generar un superávit laboral suficiente para solventar la crianza y acumular ahorros. Para los estratos de educación baja y media-baja, los ingresos laborales no cubren los gastos de consumo durante gran parte del ciclo de vida, lo que impide la acumulación de patrimonio y deja a muchas personas fuera del sistema de pensiones formal al llegar a la vejez.

El tercer sesgo, y el más invisible según el informe, es el de género. Las mujeres sostienen entre dos y tres veces más tiempo que los hombres en trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Esta labor, aunque esencial para el funcionamiento del sistema, no aparece en el PIB, no genera cotizaciones previsionales ni acumula derechos jubilatorios. Como señala el informe, el modelo de bienestar latinoamericano está estructurado para que las mujeres subsidien con su tiempo lo que el Estado no financia con presupuesto.

Este desequilibrio se ha vuelto insostenible pese al avance de las mujeres en el mercado laboral. Entre 1980 y 2025, su participación en la fuerza laboral regional pasó del 27% al 43%, uno de los cambios estructurales más profundos de la reciente historia económica de América Latina. Sin embargo, esta incorporación no fue acompañada por una redistribución equivalente del trabajo de cuidados ni por la construcción de una infraestructura estatal o empresarial que lo soporte.

El resultado es la doble jornada: las mujeres trabajan fuera del hogar y siguen siendo las principales responsables del trabajo dentro de él. Cuando deben elegir entre carrera y maternidad, o entre número de hijos y calidad de vida, toman decisiones que los datos demográficos registran con frialdad. La CEPAL proyecta que para 2050 las mujeres representarán el 45% de la fuerza laboral, pero sin cambios estructurales en el reparto de responsabilidades, la tendencia a la baja fecundidad podría continuar.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.

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