Educación

José Miguel García explora la fugacidad como forma de permanencia en 'Ahora que todo pasa'

José Miguel García revela en 'Ahora que todo pasa' cómo la fugacidad se convierte en forma de permanencia a través de una poesía que humaniza el paso del tiempo.

Francisco Herrera

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

domingo, 2 de agosto de 20263 min de lectura

José Miguel García presenta su libro Ahora que todo pasa como una meditación sobre la belleza de lo efímero, donde la poesía no busca detener el tiempo, sino humanizar su paso. La obra invita al lector a una lectura pausada, atenta a las transiciones sutiles que revelan la profundidad de lo cotidiano.

El libro no recurre al lamento por lo pasajero, sino que encuentra en la fugacidad la máxima expresión de la existencia. Cada poema construye un horizonte distinto, pero todos giran alrededor de una intuición central: nada desaparece por completo, sino que cambia de forma, mientras la memoria, la palabra y el asombro sostienen una permanencia invisible.

El poema inicial, 'Germen del ocaso', sirve como puerta de entrada al universo poético de García. En él, el viento inmóvil y la mirada tiesa sobre bosques amarillos se convierten en metáforas de una identidad en transformación, donde el paisaje exterior refleja un proceso interior de cambio lento e inevitable.

"¿Cómo será el clima de tus ojos si no me miras? ¿Cómo sucederá la fuente agostada de su voz?... Hazlo despacio. No eludas las pocas palabras que nos quedan, ellas también tienen prisas".

Estas interrogantes trascienden lo amoroso para adentrarse en una reflexión sobre la presencia y la ausencia. La mirada, en la poética de García, posee clima porque transforma lo que contempla; la voz, comparada con una fuente, revela que su sequía afecta no solo al ser amado, sino al universo emocional de quien escucha.

El cierre del poema vuelve sobre sí mismo con una paradoja esencial: mientras se pide hacerlo despacio para retardar el desgaste, se reconoce que incluso las pocas palabras que quedan tienen prisa. Así, el lenguaje también envejece, también corre hacia el silencio, y sabe de la urgencia de lo que está destinado a desaparecer.

La belleza de la poesía de García reside precisamente en esta tensión: no derrota al tiempo, pero sí lo humaniza; no evita el ocaso, pero lo convierte en una forma de claridad. La fugacidad no disminuye el valor de la existencia, sino que la hace irrepetible, pues solo lo que pasa alcanza la dimensión de la memoria y encuentra en la poesía una permanencia basada en la intensidad vivida, no en la duración.

Otras piezas del libro, como 'Oscuros caminos', continúan esta lenta pedagogía de lo efímero, reforzando la idea de que la verdadera permanencia nace no de lo eterno, sino de lo profundamente vivido en lo transitorio.

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Francisco Herrera
Sobre el autor

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.