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Frank Disla-Ortiz explora la identidad dominicana en diáspora a través de relatos íntimos

Frank Disla-Ortiz narra la identidad dominicana en diáspora entre nostalgia, explotación y resistencia humana.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

martes, 1 de septiembre de 20263 min de lectura

Frank Disla-Ortiz presenta una colección de relatos que profundiza en la experiencia de los dominicanos que emigran y regresan, enfrentando una sensación de no pertenencia plena en ningún lugar. El autor explora cómo la nostalgia y la soledad se convierten en hilos conductores de una identidad fragmentada, moldeada por el cruce entre lo rural y lo urbano, lo local y lo global.

Los personajes de Disla-Ortiz navegan entre la cartografía campestre de la República Dominicana y la vorágine de las ciudades estadounidenses, donde sus proyectos de vida chocan con realidades laborales duras y emociones reprimidas. Esta dualidad geográfica refleja un desgarre existencial que se transmite de generación en generación, ya que los hijos de migrantes deben negociar entre las expectativas parentales y su propia construcción de identidad en un contexto de dominicanidad líquida e híbrida.

El estilo narrativo del autor se destaca por su capacidad de entrelazar memoria, lenguaje corporal y sensibilidad emocional. Sus textos no solo describen experiencias, sino que las hacen palpables: el lector siente el peso del silencio, el sudor de la ansiedad y el eco de voces que no fueron escuchadas. Como señala el propio autor en uno de sus fragmentos: "Nos sabemos de memoria sus silencios porque también callamos con su voz y perspiramos su dolor", lo que revela una intención clara de crear un espejo entre ficción y realidad.

Entre los pasajes más destacados, Disla-Ortiz incluye testimonios en primera persona que ilustran la vulnerabilidad del migrante. Uno de ellos relata: "Porque sí, soy maestro de francés a domicilio, para algo me sirvió ser de Bánica y en mi niñez cruzar la frontera con Haití como Pedro por su casa, hacer amigos haitianos, hasta el punto que aprendí creole antes que la lengua de Cervantes" (p. 43). Otro recuerda su llegada a una ciudad desconocida con una sola muda de ropa y sin recursos: "Rememoro el día que llegué de Bánica con una sola muda de ropa, aquella con la que tapaba mi vergüenza, prácticamente con una mano delante y la otra detrás, desesperado, sin un centavo y toqué la puerta de hierro de Thomas y Thomas Asociados, mendigando un empleo" (p. 45).

El autor también critica las estructuras sociales que reducen al individuo a un mero recurso desechable. En una metáfora kafkiana, describe cómo un empleador ignora el sufrimiento humano como si fuera un insecto insignificante: "El señor Thomas, impávido, con la vista fija en el periódico, era la imagen del científico postergando analizar cualquier sabandija. Esta puede esperar, no tiene ninguna importancia" (p. 49). Este pasaje forma parte de una denuncia más amplia sobre la explotación laboral y la deshumanización sistemática.

No obstante, entre el dolor y la alienación, Disla-Ortiz deja espacio para la ternura y el amor como formas de resistencia y reconexión. Aunque el fragmento final se corta, el tono sugiere que los afectos familiares y comunitarios siguen siendo un manantial de sentido frente a la adversidad.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.

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