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Enrique Solinas: La poesía como puente entre la razón y la desrazón

Enrique Solinas explora la poesía como expresión de lo inconsciente y lo místico, donde la escritura se convierte en acto de resistencia y confrontación con la ausencia, el tiempo y la muerte.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

domingo, 6 de septiembre de 20265 min de lectura

Enrique Solinas, poeta argentino nacido en Buenos Aires en 1966, explora en su obra la frontera entre la conciencia y lo inconsciente, donde la poesía nace como expresión de lo no pensado y lo místico. Su escritura, reconocida por su profundidad y originalidad, trasciende lo meramente técnico para adentrarse en lo que él mismo denomina una unaprologeia: una conexión con una fuerza invisible y superior que guía el acto creativo.

Este análisis se basa principalmente en la colección "Flor del espinillo", publicada por la Fundación Cultural Esteros en 2020 y disponible para descarga gratuita en línea. La antología reúne voces de diversos países y constituye la fuente principal para comprender la poética de Solinas, cuya obra ha sido destacada en múltiples ocasiones por su labor literaria.

En sus textos, Solinas logra un efecto catártico mediante una precisión irrazonable en el uso del lenguaje. Como se aprecia en el fragmento de "El doble" (pág. 11), sus versos generan una doblez identitaria:

"Ese hombre que está sentado frente a mí / es apenas un reflejo / de lo que soy. / Tiene mi voz atrapada en su garganta / –y sé que es personal– / como si alguien lo hubiera autorizado / a dejarme mudo."
Esta técnica confunde al lector, no por falta de claridad, sino por la intensidad con la que atraviesa las capas de la subjetividad.

En "Escribir" (pág. 12), el poeta reflexiona sobre el acto mismo de crear:

"Torpe la voz, el viento / enuncia la palabra plural, / la conversación del solo. / A fracaso y verdad / se intenta / escribir sobre aquello / que no / cambiará el mundo. / A duda y obstinación. / Aquí, los sustantivos duelen / como duelen los muertos / perdidos. / Si aquí, / al fin y al cabo, / el poema soy yo."
Aquí, la escritura se convierte en un acto de supervivencia y de afirmación identitaria frente al silencio y el olvido.

El tema de la ausencia y la memoria regresa con fuerza en "La que no está" (pág. 16), donde Solinas da voz a un giro íntimo y doloroso:

"Veníamos a reclamar / la transparencia nuestra de su cuerpo. / Hablaba tanto la difunta / que su silencio nadie / podía callar. / Qué tristeza, / los pájaros cantan la mañana. / Su cuerpo de nosotros tan perdido, / tantas veces perdido en nosotros. / Qué tristeza: / ser tan difunta / justo cuando veníamos / a reclamar su corazón."
Este poema ilustra cómo la poesía puede ser un medio para confrontar lo ausente, lo no dicho, lo que insiste en ser recordado.

En "El Rostro de Dios" (pág. 30), Solinas toca lo absurdo y lo trascendental mediante una imagen cargada de simbolismo:

"Esa mujer, / extendida hasta nunca debajo de la sábana / no muestra signos de respiración. / Apenas es el resto de una imagen, / el personaje principal en bastidores / no disponible para despedidas. / Hacia los costados, / sus brazos se alargan y tocan el infinito. / Las manos se apoyan en oriente y occidente / sin ganas ya, / sin intención. / Descorro la sábana y al mismo tiempo / vuela una mosca como ninfa sorprendida. / He aquí la cuestión: / sus labios entreabiertos y la piel extraña / contrastan con el gesto de una sonrisa, / y el único signo de vitalidad / es la mosca / que ha bebido toda su respiración."
La presencia de la mosca, diminuta y persistente, se convierte en el último vestigio de vida en un escenario de vacío y resignación.

El poeta también aborda la escritura como un ritual de resistencia frente a la muerte. En "Acerca del rigor de la muerte" (pág. 13), escribe:

"Para no morir uno empieza a escribir por la mañana / con un cigarrillo en la mano / y esa paciencia de absoluto / que nadie es capaz de ejecutar. / Nos queda la escritura y el silencio / para cuando llega la tarde / y el humo del cigarrillo en la piel, / y otro cigarrillo más."
Aquí, el acto de escribir se presenta como un desafío cotidiano al olvido, sostenido por la rutina, el tabaco y la persistencia.

Según el filósofo y novelista argentino Mariano Díaz, la poesía de Solinas no busca ordenar el caos ni expresar verdades absolutas, sino construir mundos frágiles, provisionales, que están a punto de desintegrarse. "¿Y entonces qué es lo que puede hacer el poeta? Solinas abre varias puertas, plantea varias preguntas y, afortunadamente, no responde ninguna", afirma Díaz, destacando la apertura y la ambigüedad como virtudes de su obra.

Enrique Solinas, autor también de "Barcas sobre la zarza ardiente", continúa explorando la circularidad del tiempo, la vida y la muerte, el deseo y la desolación. Su poesía, influenciada por corrientes existenciales y simbólicas, invita al lector a habitar el umbral entre lo dicho y lo callado, entre la razón y lo que late bajo ella: la desrazón, no como falta de sentido, sino como otra forma de profundizar en la experiencia humana.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.