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El Montero de Pedro Francisco Bonó: retrato del campesinado dominicano del siglo XIX

El Montero de Pedro Francisco Bonó retrata la vida campesina dominicana del siglo XIX mediante un detallado costumbrismo que combina observación social, lenguaje popular y profundidad humana.

Francisco Herrera

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

domingo, 2 de agosto de 20263 min de lectura

El Montero, novela de Pedro Francisco Bonó, constituye una obra fundamental del costumbrismo hispanoamericano al trasladar el foco de la vida urbana al entorno rural de la República Dominicana en el siglo XIX. Más allá de una simple trama amorosa, el texto se presenta como un documento social que preserva las costumbres, normas y valores de la sociedad campesina de la época.

Desde sus primeras páginas, Bonó otorga al monte un rol activo, convirtiéndolo en un personaje silencioso que condiciona la forma de vida, pensamiento y relación de sus habitantes. Esta perspectiva anticipa una visión moderna de la literatura como herramienta de memoria histórica, tal como lo destacó el crítico Franco (2001), quien señaló que Bonó fue uno de los primeros escritores dominicanos en comprender el uso de la literatura como documento social de la narrativa.

La descripción predomina sobre la narración, con un detallado retrato de caminos, viviendas, vegetación, labores agrícolas, vestimenta y costumbres rurales. Estos elementos no son meros adornos, sino que cumplen una función esencial: contextualizar la acción y permitir al lector comprender el universo cultural en el que se desarrollan los acontecimientos.

Aunque el conflicto amoroso entre Manuel y María sirve como hilo conductor, reducir la novela a un romance sería pasar por alto su verdadera dimensión. El autor utiliza esta relación para explorar una compleja red de factores sociales: autoridad paterna, honor familiar, celos, violencia, religiosidad y normas que regulaban la vida campesina.

Personajes como Juan enriquecen esta visión al representar la dimensión trágica del ser humano: su incapacidad para aceptar el rechazo lo lleva a convertir el amor en obsesión, desencadenando eventos que alteran la estabilidad de la comunidad. La violencia no se presenta como un recurso espectacular, sino como una consecuencia de códigos sociales vinculados al honor y al orden afectivo, presentada sin juicio pero dentro de su contexto histórico.

Uno de los aspectos más sobresalientes de la obra es su uso del lenguaje. Bonó incorpora de forma natural refranes, expresiones populares y giros del habla campesina dominicana, como la expresión "no soy mozo que huye al hierro", que sintetiza nociones de valentía y honor. Este recurso otorga autenticidad a la novela y refleja su intención de dar voz al pueblo, preservando formas de expresión poco presentes en la literatura escrita de la época.

Según Manuel Matos Moquete (2004), esta aproximación constituye uno de los primeros intentos de la narrativa dominicana de construir una identidad nacional desde la representación de los sectores populares. La riqueza de El Montero reside precisamente en su capacidad para transformar lo cotidiano en memoria colectiva, mostrando que la sencillez narrativa puede coexistir con una profunda capacidad de observación social.

Lejos de ser únicamente un documento histórico, la novela combina fidelidad etnográfica con cualidades literarias destacadas: la naturalidad de los diálogos, la riqueza descriptiva y la precisión en la reproducción del habla popular la convierten en un referente imprescindible para comprender la cultura rural dominicana del siglo XIX.

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Francisco Herrera
Sobre el autor

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.

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