Educación

El diálogo en el aula requiere docentes con formación cultural profunda

El diálogo auténtico en el aula requiere docentes con formación cultural profunda, capaz de interpretar textos más allá de lo superficial y conectar saberes históricos, ideológicos y tecnológicos.

Miguel Ángel Pérez

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

domingo, 6 de septiembre de 20263 min de lectura

Convertir el aula en un espacio dialógico es una aspiración recurrente en la pedagogía contemporánea, pero su realización depende de más que técnicas metodológicas. Según el autor, el diálogo auténtico no surge simplemente de preguntas y respuestas, sino de interlocutores capaces de relacionar conocimientos, formular nuevas interrogantes y descubrir sentidos ocultos en los textos.

Desde una perspectiva cosmolingüística, un poema o cualquier texto no es solo una estructura lingüística, sino un universo de universos comunicativos donde convergen experiencias históricas, ideologías, memorias, conflictos, símbolos, silencios y relaciones de poder. Leer, entonces, implica explorar esta complejidad habitada por múltiples voces.

Un ejemplo concreto es un poema caribeño de autores como Manuel del Cabral, Nicolás Guillén o Rubén Suro. Aunque identificar ritmo, sujeto poético o figuras literarias tiene valor analítico, resulta insuficiente si la lectura se queda en esas categorías superficiales. Para comprender plenamente el texto se requiere conocer su contexto: la memoria de la esclavitud, la colonización, las migraciones, las tensiones de clase, las herencias africana, europea e indígena, y las disputas políticas.

La heteroglosia de Mijaíl Bajtín ayuda a comprender esta complejidad: en un mismo texto pueden resonar múltiples voces sociales, culturales e ideológicas. Una palabra puede llevar la voz del poder, la memoria de la resistencia o la experiencia de un grupo social. El docente debe acompañar al estudiante hacia esos intersticios, descifrando ideologías y relacionando lo dicho con lo silenciado.

El docente no necesita saberlo todo, pero sí debe poseer un acervo cultural suficientemente amplio para reconocer la magnitud de lo que tiene ante sí. Esto incluye conocimientos de historia, geografía, filosofía, política, geopolítica, desafíos tecnológicos y ética del cibermundo y la inteligencia artificial, como ha reflexionado el filósofo dominicano Andrés Merejo.

Sin embargo, no todos los docentes han tenido las mismas oportunidades para construir ese acervo. Mientras algunos son lectores rigurosos e investigadores comprometidos, otros enfrentan limitaciones por sus trayectorias educativas o condiciones laborales. Por eso, el problema no puede atribuirse exclusivamente al individuo.

El sistema educativo también comparte responsabilidad. Confunde frecuentemente formación con titulación: maestrías, diplomados, doctorados y talleres pueden ser valiosos, pero la acumulación de certificados no garantiza una formación cultural profunda. Además, gran parte de la jornada docente se absorbe en tareas administrativas y actividades institucionales, dejando menos tiempo para leer, investigar y pensar.

La irrupción de la inteligencia artificial introduce una nueva paradoja: algunos trabajos de formación pueden producirse rápidamente con estas herramientas, lo que rischia reducir la certificación a un mero cumplimiento de requisitos sin una transformación real de los conocimientos.

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Miguel Ángel Pérez
Sobre el autor

Miguel Ángel Pérez

Editor de Economía

Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.