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El castellano no nació en un documento: su origen es oral y gradual

El castellano se formó gradualmente a partir del latín hablado en Hispania, mucho antes de aparecer en documentos escritos como las Glosas Emilianenses.

Francisco Herrera

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

domingo, 6 de septiembre de 20263 min de lectura

El castellano no surgió en una fecha concreta ni en un documento específico, sino que se formó mediante un proceso lento y complejo de transformación del latín hablado en la Península Ibérica. Su origen no puede reducirse al descubrimiento de los primeros textos escritos, ya que mucho antes de aparecer en pergaminos, la lengua ya existía en el habla cotidiana de sus comunidades.

La formación del castellano respondió a la diferenciación progresiva de los romances peninsulares, influenciada por factores territoriales, sociales y lingüísticos. Tras la romanización, el latín no permaneció uniforme: su uso en regiones diversas, con poblaciones de distintas raíces lingüísticas y bajo condiciones sociales variables, dio lugar a variedades regionales que se alejaron gradualmente de los modelos cultos.

Durante siglos, la escritura siguió estando dominada por el latín, incluso cuando la comunicación oral ya se realizaba en formas romances cada vez más diferenciadas. Muchos documentos medievales aparentemente latinos contienen palabras, estructuras y rasgos fonéticos que revelan el uso subyacente de lenguas romances, lo que indica que el latín funcionaba a menudo como un revestimiento gráfico sobre una base oral romance.

Las Glosas Emilianenses y Silenses, aunque importantes, no marcan el nacimiento del castellano. Estos testimonios escritos del siglo X o XI reflejan una lengua que ya tenía una trayectoria oral previa. Según el filólogo Frago Gracia, hasta finales del siglo XII los datos para reconstruir los romances hispánicos son escasos y dispersos, lo que no implica su inexistencia, sino su escaso uso escrito estable.

El castellano se desarrolló en relación con otras lenguas romances peninsulares, como leonés, navarroaragonés, gallegoportugués y catalán. No surgió de forma aislada, sino mediante procesos de contacto, influencia y diferenciación mutua, especialmente durante la expansión de los reinos cristianos hacia el sur.

Durante los reinados de Fernando III y Alfonso X, el romance castellano amplió sus funciones documentales, pasando de un uso mayoritariamente oral a una presencia creciente en textos administrativos, jurídicos y literarios. Este cambio refleja no solo una evolución lingüística, sino también un proceso político y cultural de consolidación identitaria.

Identificar un monasterio como San Millán de la Cogolla como 'cuna' del castellano tiene valor simbólico, pero no explicación histórica rigurosa. Como advierte Frago Gracia, afirmar que una lengua nace dentro de un edificio o por la decisión de un escribiente es una simplificación que confunde el origen de una lengua con la conservación de sus primeros testimonios escritos.

La historia del castellano debe entenderse como un proceso dinámico y prolongado, marcado por la transición gradual del latín a las lenguas romances, sin un punto de corte claro. Requerir un 'partida de nacimiento' documental ignora la naturaleza misma de cómo nacen y evolucionan las lenguas vivas: primero en la boca de la gente, mucho antes de que llegue al papel.

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Francisco Herrera
Sobre el autor

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.