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Donde el mar termina: una reflexión sobre la identidad y la escritura en la obra de Alejandro González Luna

El poemario de Alejandro González Luna explora la identidad, el desarraigo y la escritura a través de una metáfora del mar y la isla como conciencia activa y proceso en constante construcción.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

domingo, 18 de octubre de 20263 min de lectura

Donde el mar termina (apuntes para un poema de la isla), poemario de Alejandro González Luna, publicado en 2017 por Editorial Pre-Textos, es una obra que trasciende la mera descripción paisajística para convertir el mar y la isla en una conciencia activa que interroga al sujeto que escribe. Galardonado con el XVII Premio Internacional de Poesía Emilio Prados en 2016, el libro mantiene su relevancia al abordar temas como la identidad, el desarraigo, la migración y la dificultad de representar una isla desde la escritura.

El subtítulo, apuntes para un poema de la isla, revela una poética de lo provisional: el libro no se presenta como una obra cerrada, sino como un conjunto de tentativas estructurado en siete secciones («Primeros Apuntes», «Segundos Apuntes», «Notas al margen», «Terceros Apuntes», «Breve relación de los hechos», «Otros Apuntes» y «Epílogo») y poemas que aluden al proceso creativo («estudio preparatorio», «croquis», «esbozo», «notas», «balance», «memorial»). Esta forma refleja la idea de que la escritura es un andamiaje, no un edificio terminado, y que la isla no se dibuja con precisión, sino que se intenta recordar mediante líneas inseguras.

Desde el poema inicial, estudio preparatorio para un poema de la isla, la isla se define como «viejo mapa del fuego», «peñón de sombras y cacharros», «pájaro herido» y, sobre todo, «tierra sin puentes», desarmando la visión complaciente del Caribe como paraíso. La belleza aparece atravesada por el deterioro, la violencia y una lengua que «sobrevive a duras penas». El mar, lejos de ser apacible, muerde, traga y conjetura: es un animal inquieto y una pregunta constante que rodea al hablante.

La obra también es un poema de Santo Domingo. En atardecer en la costa, el acto de mirar y escribir ocurren simultáneamente: «Santo Domingo se enciende / como una lámpara vieja», una imagen que ilumina pero también revela su desgaste. En sus distintas versiones, la ciudad reaparece como organismo enfermo: autos que tosen, disparos, callejones como basureros, perros perdidos y un «triste jadeo». La repetición del poema no indica falta de temas, sino una decisión estética: volver al mismo lugar para verificar que ni el paisaje ni quien lo mira permanecen iguales.

Este procedimiento alcanza su máxima expresión en los poemas titulados mecánica del mar, donde el movimiento del mar —ir y venir, tallar, borrar mapas— se convierte en metáfora del proceso poético: avanzar, retroceder, corregir, volver a intentar. Uno de los versos más breves lo resume: «El mar es un ir y / venir. Un volver una y otra vez / sobre los pasos. / (Es largo el camino / hacia uno mismo)».

La escritura, entonces, es ese largo camino hacia uno mismo, aunque nunca garantice la llegada. En breve historia del polvo, el poeta levanta «un poema frente al mar / como si fuera una casa», pero la casa se derrumba y solo quedan ruinas. Las palabras son refugio, pero también están hechas con los restos de lo que no pudo salvarse. Escribir consiste en trabajar con el polvo, reconocer en cada palabra la historia de sus derrumbes.

En orígenes, uno de los textos más conmovedores, la escritura nace en el balcón de la casa materna: el padre ausente, la abuela con cáncer, la madre bordando en silencio y el niño escribiendo mientras suenan balaceras del barrio. La poesía no llega como revelación, sino como compañía y resistencia. Años después, el hablante comprende que cada vez que escribe vuelve a aquel balcón «donde aprendí a coser con palabras el silencio».

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.

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