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El declive del apoyo occidental a la democracia y el auge del autoritarismo global

El retiro de EE.UU. como defensor de la democracia ha dejado un vacío aprovechado por regímenes autoritarios, mientras China expande su influencia y las libertades se reducen en todo el mundo.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

martes, 25 de agosto de 20263 min de lectura

Kofi Annan solía responder a quienes defendían el autoritarismo como solución para Estados frágiles con una frase que recordaba su juventud en Ghana: "Eso es el Johnnie Walker hablando…". Para el fallecido secretario general de la ONU, las autocracias estaban "construidas sobre arena" y solo la buena gobernanza podía hacer prosperar a una nación.

Hace 15 años, durante una gira por Tanzania, Annan expresó esta visión en un contexto de fin de la teleología de la esperanza posterior a la Guerra Fría, aunque aún persistía una brisa de esperanza democrática en gran parte del mundo en desarrollo. Hoy, ese optimismo ha menguado significativamente.

El autoritarismo ha avanzado en grandes potencias como China y Rusia durante más de una década, y se ha extendido a potencias medias como Turquía, los países del Golfo, India y, más recientemente, Indonesia, donde el ritmo de retroceso democrático se ha acelerado.

La situación se ha agravado con el retroceso de Estados Unidos como defensor de la democracia. Tras años de promoción activa, la administración Trump cerró La Voz de América (VOA) el año pasado, eliminando un instrumento clave de poder blando que había apoyado a partidos de oposición y medios independientes en países como Angola a principios de los años 90.

Este desinterés tiene consecuencias concretas. En Zimbabue, los aliados del presidente Emmerson Mnangagwa impusieron recientemente una ley para extender su mandato en violación de la Constitución, sin que EE.UU. ni otros aliados occidentales como el Reino Unido y Francia emitieran una protesta significativa. Estos últimos se enfocan en la reducción de la deuda del país, ignorando el cierre del espacio político.

En Tanzania, las autoridades suspendieron recientemente un periódico por informar sobre tensiones internas en el Gobierno, una acción que hace una década habría generado presión de los donantes occidentales. Hoy, tal represalia ocurre sin temor a sanciones internacionales.

El vacío dejado por Occidente está siendo llenado por China, que expande su influencia mediante inversiones y cooperación sin condicionamientos democráticos. Mientras tanto, figuras como Mnangagwa han sido alentadas por comentarios previos de Donald Trump sobre la posibilidad de un tercer mandato inconstitucional, lo que refuerza su ambición de permanecer en el poder de forma vitalicia.

Aunque algunos argumentan que Estados Unidos nunca ha sido un modelo perfecto de virtud internacional — citando su apoyo a dictadores como Mobutu Sese Seko en Zaire durante la Guerra Fría como peones antisoviéticos — , el artículo reconoce que, pese a sus incoherencias, su apoyo histórico sí permitió que oposiciones y medios independientes sobrevivieran en numerosos países.

La actual retirada no solo es miope desde el punto de vista estratégico, sino que tiene un costo humano: debilita a las fuerzas democráticas y facilita el entrenchamiento de regímenes autoritarios que operan cada vez con menos restricciones.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.

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