El ciclo de pobreza y deuda: cómo los salarios reales bajos generan endeudamiento estructural
Los salarios reales bajos generan endeudamiento de supervivencia, atrapando a familias en un ciclo de pobreza que afecta también a economías endeudadas y requiere soluciones estructurales.
Miguel Ángel Pérez
Editor de Economía

El poder adquisitivo real de los salarios, más que su aumento nominal, determina el bienestar de los trabajadores, según explicó Karl Marx en su obra Salario, precio y ganancia, presentada en 1865 ante la Asociación Internacional de los Trabajadores. Un incremento salarial puede quedar anulado por la inflación si los precios suben más rápido que los ingresos, reduciendo efectivamente lo que ese salario puede comprar.
Los economistas distinguen entre salario nominal y salario real: el primero es la cantidad de dinero recibida; el segundo refleja el verdadero poder de compra. Cuando los aumentos salariales son absorbidos por la inflación, el trabajador puede comprar menos pese a tener un salario aparentemente mayor. Este fenómeno afecta especialmente a los hogares de menores ingresos, cuya capacidad de ahorro es casi nula.
La política económica debe priorizar la estabilidad del poder adquisitivo, no solo decretar aumentos salariales. Esto requiere una inflación baja y estable, acompañada de crecimiento sostenido en producción, productividad e inversión. El verdadero progreso laboral se logra cuando la economía genera más bienes y servicios, empleos de mejor calidad y salarios reales que crecen de forma sostenida, no por medidas administrativas temporales.
Millones de familias quedan atrapadas en un ciclo de pobreza y deuda cuando los salarios reales son insuficientes para cubrir necesidades básicas como alimentación, vivienda, educación o salud. En esos casos, el crédito deja de ser una herramienta de inversión y se convierte en un mecanismo de supervivencia. Los hogares destinan entonces una parte creciente de sus ingresos al pago de intereses, lo que reduce aún más su capacidad de consumo y ahorro, perpetuando el círculo vicioso.
A nivel macroeconómico, el endeudamiento público y externo sigue una dinámica similar. En economías en desarrollo, el crecimiento acelerado de la deuda soberana y externa genera preocupación, especialmente en países altamente dependientes de importaciones de alimentos, combustibles y materias primas, como la República Dominicana. Estas naciones son vulnerables a las fluctuaciones de los mercados internacionales, al fortalecimiento del dólar y al alza de las tasas de interés globales.
Cuando la deuda crece más rápido que los ingresos fiscales y las divisas, los gobiernos deben destinar una proporción mayor del presupuesto al servicio de la deuda, limitando recursos para infraestructura, educación, salud, innovación y programas sociales. Esto reduce el potencial de crecimiento económico y debilita la capacidad del Estado para combatir la pobreza y reducir las desigualdades.
Los procesos de ajuste fiscal suelen recaer desproporcionadamente en los sectores más vulnerables. La reducción del gasto social, el descenso de las inversiones públicas y el aumento de impuestos indirectos afectan principalmente a los hogares de bajos ingresos. Mujeres, jóvenes y trabajadores informales son los primeros en sufrir las consecuencias de crisis económicas prolongadas, lo que puede aumentar la exclusión social, la violencia intrafamiliar, el deterioro de la salud mental y otras formas de vulnerabilidad que requieren respuestas integrales de política pública.
La comunidad internacional tiene la responsabilidad de diseñar mecanismos de reestructuración de la deuda soberana que preserven la estabilidad financiera sin sacrificar el desarrollo humano. Experiencias como la Iniciativa para los Países Pobres Muy Endeudados (PPME), lanzada en 1996 por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, y su complemento, la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral (MDRI) de 2005, han demostrado que el alivio de deuda puede liberar recursos para inversión social, infraestructura, educación y salud en países de bajos ingresos.
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Miguel Ángel Pérez
Editor de Economía
Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.
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