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Carta póstuma a un padre: reflexiones sobre memoria y ausencia

Hijo escribe carta póstuma a su padre fallecido, reflexionando sobre memoria, ausencia y el significado simbólico de la correspondencia más allá de su envío o recepción.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

domingo, 26 de julio de 20263 min de lectura

León Félix Batista Lugo escribió una carta dirigida a su padre, León Félix Batista Cepeda, fallecido hace dos años, como ejercicio de memoria y reconciliación emocional. En el texto, el autor reflexiona sobre la naturaleza de la correspondencia, afirmando que una carta no requiere necesariamente ser enviada o leída para cumplir su función simbólica y terapéutica.

La carta fue escrita desde un pueblito ballenero, donde el autor reside actualmente, y está dirigida a su padre sin importar su ubicación física o temporal. El autor reconoce que, mientras su padre estuvo vivo, nunca le escribió una carta, a diferencia de las cientos que sí le escribió a su madre durante su residencia en Nueva York.

El vínculo con su padre se caracterizó por la presencia física y sensorial: olor, manos callosas, abrazos y llegadas sorpresivas que representaban un 'salvavidas de carne y hueso' en un entorno familiar que describe como un 'orfanatorio disfrazado de familia'. Estas sensaciones contrastan con la escasez de comunicación escrita o verbal duradera.

El autor cuestiona la definición tradicional de carta, proponiendo que puede ser un gesto, un desahogo emocional, un espacio material del pensamiento o incluso un simple signo de interrogación. Cita ejemplos como la carta de Víctor Hugo a su editor y la inédita de Franz Kafka a su padre para ilustrar que el valor de una misiva no depende de su entrega o recepción.

En cuanto a su historia familiar, el autor menciona que su madre emigró el 30 de octubre de 1968, día en que él cumplió 4 años, y nunca regresó ni al país ni a su padre. Antes de eso, la familia vivió en una casa en la esquina de las calles Portes y Meriño, en un edificio colonial que anteriormente había sido un colegio fundado por Hernando de Gorjón en 1550.

Según testimonios de terceros, en el patio interior de esa casa, con un pozo y pasadizos, el autor sufrió una herida grave por un filo de hierro que le mondó la carne en la pierna derecha, herida que nunca se restañó completamente. También se le atribuye el inicio de su asma, vinculado a la proximidad del mar Caribe.

El autor lamenta la falta de diálogo íntimo con su padre, reconociendo que casi nunca estuvieron solos juntos, lo que limita su capacidad para reconstruir recuerdos directos. Señala que, tras la partida de su madre, el hogar se volvió 'postizo', sin vínculo sanguíneo estable, y que su padre, entonces de 35 años, tuvo pocas opciones más que esperar circunstancias que eventualmente moldearon sus vidas.

Finalmente, el autor aclara que, aunque la carta está dirigida a su padre, en realidad sirve para ambos, como medio para plantear una pregunta compartida sobre la justicia de no poder acceder a la prehistoria vivida juntos debido a la diferencia etaria. A pesar de esto, afirma haber logrado reconstruir zonas del pasado mediante memorias de terceros. La carta, concluye, viaja hacia el ayer en la medida en que celebra el recuerdo del padre, sin caer en nostalgia excesiva ni en satisfacción falsa, estados que, según el autor, perjudican la escritura honesta.

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Isabella Santos
Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.

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