Educación

Aurora Tavárez Belliard: Legado de una educadora dominicana del siglo XX

Aurora Tavárez Belliard, educadora dominicana del siglo XX, dejó un legado integral como maestra, escritora y fundadora de escuelas, cuya obra trasciende el aula para formar conciencia y carácter.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

domingo, 6 de septiembre de 20263 min de lectura

Aurora Tavárez Belliard fue una de las figuras más representativas del magisterio dominicano del siglo XX, cuya labor trascendió la enseñanza tradicional para convertirse en un proyecto integral de formación humana. Nacida en Guayubín, provincia de Montecristi el 14 de abril de 1894 y fallecida en Moca el 31 de enero de 1972, su trayectoria abarca más de cuatro décadas de servicio educativo, marcado por el compromiso, la constancia y una visión humanista de la educación.

Su formación inicial fue autodidacta, pero posteriormente obtuvo los títulos de Maestra Normal Práctica y Maestra Normal, lo que le permitió acceder a los grados superiores del magisterio de su época. Antes de establecerse definitivamente en Moca en 1928, ejerció en zonas fronterizas y rurales, donde alfabetizó a niños de comunidades apartadas, llegando incluso a trasladarse a caballo para llegar a sus alumnos.

En Moca, desarrolló un apostolado educativo que se extendió por aproximadamente 44 años. Trabajó en la Escuela Graduada Bolivia y fundó dos instituciones educativas: el Colegio Sagrado Corazón de Jesús y el Colegio Porfirio Morales, este último creado en 1964 y aún en funcionamiento hoy como legado de su labor. A pesar de haber sido jubilada por enfermedad en 1954, continuó ejerciendo su labor docente hasta los últimos años de su vida.

Su aporte no se limitó al aula. Aurora Tavárez Belliard fue también ensayista, poeta, autora de libros escolares y promotora cultural. Entre sus obras más destacadas se encuentran: "Cartilla silabario" (1937), "El niño dominicano": tercer curso (1941), "Rayito de sol": libro de lectura (1943), "Historia patria": cuarto curso de lectura (1943), "Lecturas acerca de la historia de Santo Domingo" (1952), "Bronces de la raza" (1955) y "Lecciones de urbanidad y educación cívica" (1971). También se le atribuyen títulos como "Patria mía", "Lengua materna", "Moral y cívica", "Simientes en el camino" y "En el sendero de Kempis".

Sus libros fueron concebidos como instrumentos para formar al niño en todas las dimensiones de su personalidad, no meros depósitos de información para memorización. Como señaló el Diccionario Cultural Dominicano, cultivó con acierto el ensayo didáctico, aportando textos importantes a los programas de educación nacional y a la bibliografía dominicana. Su visión integradora abarcó la alfabetización, la lengua, la historia, la moral, la educación cívica y la formación espiritual.

Como la describió el escritor José Rafael Lantigua, fue una mujer "incesante en su ajetreo de batir alas al viento y de educar hasta la muerte". Su legado permanece vigente no solo en las instituciones que fundó, sino en la concepción de la educación como un acto de transformación humana y servicio comunitario.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.