Educación

Transformar la Feria del Libro en un espacio que forme lectores activos

Propuesta para transformar la Feria del Libro en un espacio que forme lectores activos, empezando por entregar libros dominicanos de calidad a estudiantes y fomentar la lectura como hábito continuo.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

martes, 29 de septiembre de 20263 min de lectura
Transformar la Feria del Libro en un espacio que forme lectores activos
Transformar la Feria del Libro en un espacio que forme lectores activos

Reconocer el problema no basta si no se propone una transformación concreta. Una crítica sin caminos de cambio se convierte en queja estéril. Por eso surge una pregunta esencial: ¿cómo debería ser una Feria Internacional del Libro que, más allá de celebrar la literatura, contribuya realmente a formar lectores?

La respuesta parte de un cambio aparentemente simple pero profundo: la feria debe dejar de ser solo un lugar para comprar libros y convertirse en un espacio del que se salga con el deseo de leer. Esto implica replantear su concepción, organización y medición, comenzando por los más jóvenes.

Para los estudiantes, se propone que cada niño que visite la feria como parte de un programa escolar salga con un libro de literatura infantil dominicana, seleccionado por su calidad y, preferiblemente, de un autor reconocido o premiado. Este libro no sería cualquier ejemplar, sino parte de un programa permanente llamado “Mi primer libro dominicano”, gestionado por el Ministerio de Cultura a través de su estructura editorial.

Cada ejemplar incluiría una guía para padres y maestros con preguntas, juegos y actividades diseñadas para fomentar la conversación sobre lo leído. Un niño que lee y luego dialoga sobre el texto tiene más probabilidades de convertir esa experiencia en hábito lector duradero.

El mismo principio aplicaría a los jóvenes: cada edición de la feria seleccionaría una colección de obras dominicanas pensadas para adolescentes, abarcando novela, poesía, cuento, ensayo, teatro, crónica y literatura fantástica. Pero es clave evitar imponer lecturas desde una perspectiva adulta. Se debe preguntar: ¿qué quieren leer nuestros jóvenes? ¿Qué autores dominicanos reflejan sus preocupaciones?

La literatura nacional no debe presentarse como una obligación patriótica, sino como una experiencia estética, humana y contemporánea. Un joven debe descubrir que un escritor dominicano puede contar una historia que le interese, expresar un conflicto que reconozca o formular una pregunta que lo inquiete. La identidad literaria se descubre, no se impone.

Para que esta propuesta tenga impacto real, la feria debe comenzar meses antes de su apertura. Las escuelas recibirían previamente los libros, los estudiantes los leerían en clase, los maestros los acompañarían y se formarían grupos de conversación. Así, el encuentro con el autor dejaría de ser un acto protocolar para convertirse en un diálogo genuino, donde el estudiante podría preguntar, opinar e incluso discrepar.

La feria no sería entonces el primer contacto con el libro, sino el momento culminante de un proceso que inició en el aula. Pero su impacto debe continuar después del cierre: cada escuela participante asumiría un compromiso de continuidad, ya sea usando los libros, trabajando la obra de un escritor o manteniendo un club de lectura durante el año escolar.

Se propone crear una Red Nacional de Escuelas Lectoras de la Feria Internacional del Libro, no para otorgar diplomas, sino para construir una comunidad donde las escuelas intercambien experiencias, recomienden libros, compartan proyectos y organicen encuentros entre estudiantes de distintas provincias. Así, el impacto de la feria se nacionalizaría y no quedaría concentrado en Santo Domingo.

Además, se sugiere elaborar un Mapa Nacional de la Lectura para identificar dónde están las bibliotecas funcionales, cuántos usuarios atienden, cuántos libros circulan, qué municipios carecen de espacios adecuados, dónde existen clubes de lectura y qué comunidades tienen mayores dificultades de acceso al libro. Esta información sería esencial para orientar políticas culturales basadas en evidencia, no en suposiciones.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.