Salud

Onicofagia: cómo morderse las uñas afecta la salud bucal y qué hacer al respecto

Morderse las uñas puede dañar el esmalte, alterar la mordida y afectar la ATM. Requiere abordaje odontológico y psicológico según especialistas.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

miércoles, 30 de septiembre de 20263 min de lectura
Onicofagia: cómo morderse las uñas afecta la salud bucal y qué hacer al respecto
Onicofagia: cómo morderse las uñas afecta la salud bucal y qué hacer al respecto

Morderse las uñas, conocido médicamente como onicofagia, es un hábito frecuente que, aunque a menudo se percibe como inofensivo, puede tener consecuencias significativas y permanentes para la salud bucal cuando se vuelve repetitivo. Según la cirujana dentista Jose Daniela Delgado, especialista en Estomatología y Odontología Legal y Forense, este comportamiento suele estar vinculado a estados de ansiedad o estrés y se manifiesta de forma inconsciente en muchas personas.

Uno de los principales riesgos de la onicofagia es el desgaste del esmalte dental, la capa externa que protege los dientes. A diferencia de otros tejidos del cuerpo, el esmalte no se regenera naturalmente, por lo que su pérdida es irreversible. El roce constante entre los dientes y las uñas puede provocar pequeñas fracturas, aumento de la sensibilidad dental y alteraciones en la mordida.

La presión repetitiva también afecta la articulación temporomandibular (ATM), responsable de los movimientos de la mandíbula. Esto puede generar dolor, inflamación, chasquidos y dificultades al masticar, especialmente en personas que además presentan bruxismo o tienden a apretar los dientes. Estos síntomas suelen desarrollarse de forma gradual y pueden pasar desapercibidos hasta que el daño se vuelve evidente.

Además del desgaste mecánico, morderse las uñas aumenta la exposición a bacterias. Las uñas están en contacto continuo con superficies externas y pueden acumular microorganismos que, al ser llevados a la boca, alteran el equilibrio de la microbiota oral y aumentan el riesgo de infecciones. Como explica la doctora Delgado: "Las uñas acumulan bacterias presentes en las superficies que tocamos a lo largo del día. Al llevarlas repetidamente a la boca, aumentamos la exposición a microorganismos que no forman parte de la microbiota oral".

La onicofagia se clasifica dentro de los comportamientos repetitivos centrados en el cuerpo (BFRB), por lo que simplemente intentar dejar el hábito puede no ser suficiente si existe un desencadenante emocional subyacente. La especialista recomienda identificar las situaciones que provocan la conducta y, según cada caso, considerar un abordaje integral que incluya acompañamiento psicológico o psiquiátrico, junto con medidas odontológicas preventivas.

Se debe evitar sustituir las uñas por objetos como lápices, tapas de bolígrafos u otros materiales rígidos, ya que estos alternativos pueden mantener o incluso intensificar el daño dental. En su lugar, se recomienda acudir a revisiones odontológicas periódicas para detectar tempranamente signos de deterioro, como pérdida de esmalte, fracturas o cambios en la oclusión.

Cuando el daño es significativo, pueden ser necesarios tratamientos restauradores como empastes, carillas o coronas para recuperar tanto la función como la estética de los dientes afectados. Como concluye la doctora Delgado: "Cuando un hábito comienza a desgastar los dientes, alterar la mordida o provocar dolor en la mandíbula, deja de ser una simple manía y se convierte en un problema de salud. Cuanto antes se identifique y trate, mayores serán las posibilidades de evitar consecuencias permanentes".

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.