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El olfato humano sigue siendo un desafío para la inteligencia artificial

El olfato humano sigue siendo un desafío para la IA debido a su complejidad molecular y subjetiva, preservando así un aspecto único de la privacidad y la experiencia sensorial.

Roberto Martínez

Roberto Martínez

Editor de Tecnología

viernes, 2 de octubre de 20263 min de lectura

El sentido del olfato humano sigue siendo uno de los pocos aspectos de nuestra biología que la inteligencia artificial no ha logrado replicar con precisión, según análisis recientes en neurociencia y tecnología. Mientras que la IA avanza en el reconocimiento de voces, rostros y patrones de lenguaje, el olfato permanece como una modalidad de datos poco explorada debido a su complejidad física y subjetiva.

Barry Smith, director del Instituto de Filosofía de la Escuela de Estudios Avanzados de la Universidad de Londres, destaca que este límite tecnológico puede ser beneficioso para la privacidad: "Tengo atributos que no están codificados digitalmente", afirma. Según Smith, mantener el olfato fuera del alcance de la IA ayuda a preservar una línea divisoria entre el mundo real y el virtual, ya que una inmersión total en lo digital requeriría la capacidad de oler entornos simulados.

La dificultad radica en la naturaleza física del olfato: al oler, inhalamos partículas moleculares que interactúan con receptores en nuestra nariz. Los seres humanos pueden distinguir entre más de un billón de combinaciones de olores diferentes, según investigaciones del Laboratorio de Neurogenética y Comportamiento de la Universidad Rockefeller. Esta capacidad supera con creces la de otros sentidos en términos de variabilidad posible, pero nuestra comprensión de cómo el cerebro procesa estas señales sigue siendo limitada.

Alex Wiltschko, neurocientífico y fundador de la startup Osmo, comparte una visión más optimista. Él compara el estado actual de la inteligencia olfativa (OI) con los primeros días de la fotografía, cuando se experimentaba con distintos métodos para capturar imágenes. "¿Cómo cuantificamos lo efímero?", pregunta Wiltschko, añadiendo que aunque es posible, existen múltiples enfoques para lograrlo.

Para avanzar, Osmo está desarrollando una infraestructura de etiquetado de datos descrita como una "piedra de Rosetta del mundo de las moléculas", similar a proyectos como SmellNet del MIT. Sin embargo, el desafío es enorme: no solo se requiere identificar moléculas odoríferas, sino entender cómo el cerebro las interpreta como experiencias subjetivas, lo que implica factores emocionales,memoriales y contextuales que son difíciles de codificar.

Si se logra replicar el olfato mediante IA, las aplicaciones podrían ser significativas: desde la detección temprana de enfermedades mediante análisis de aliento o sudor, hasta el control de calidad en alimentos y agricultura al identificar productos podridos. Pero por ahora, el olfato humano mantiene una ventaja única: es un identificador personal, profundamente integrado en nuestra biología, que la tecnología aún no ha podido mapear ni reproducir con fidelidad.

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Roberto Martínez
Sobre el autor

Roberto Martínez

Editor de Tecnología

Ingeniero en sistemas y periodista tecnológico. Fundador de varios blogs de tecnología. Analiza las tendencias digitales que impactan a la República Dominicana.