La sonrisa puede influir en nuestras emociones, según estudios recientes
Sonreír, incluso sin sentir ganas, puede influir levemente en nuestras emociones y en cómo percibimos a los demás, según estudios sobre retroalimentación facial publicados en 2026.
Ana María Guzmán
Editora de Salud

Sonreír, incluso sin sentir ganas, puede generar pequeños cambios en cómo percibimos nuestras emociones, según investigaciones recientes que respaldan la hipótesis de retroalimentación facial. Este fenómeno sugiere que las expresiones faciales no solo reflejan lo que sentimos, sino que también pueden influir en nuestro estado emocional mediante señales enviadas al cerebro.
Una investigación publicada en 2026 en Psychological Research aportó nuevas evidencias sobre este mecanismo. En el estudio, los participantes realizaron movimientos faciales asociados a la sonrisa y luego evaluaron imágenes de rostros con expresiones felices, neutras y de enojo. Los resultados mostraron que la activación de los músculos involucrados en sonreír llevó a una percepción más positiva de los rostros felices, sin efecto significativo frente a expresiones neutras o negativas.
Estos hallazgos se alinean con una investigación internacional publicada en Nature Human Behaviour, en la que participaron 3.878 personas de 19 países. En ese trabajo, se observó que realizar voluntariamente gestos relacionados con la sonrisa generaba un pequeño aumento en los sentimientos de felicidad, aunque los investigadores enfatizan que este efecto es modesto y depende del contexto.
Una revisión de más de un centenar de estudios sobre expresiones faciales y emociones confirmó que, aunque existen influencias bidireccionales entre rostro y emociones, estas suelen ser pequeñas y condicionadas por las circunstancias. No se trata de una fórmula para eliminar estados como la tristeza, la ansiedad o el estrés, sino de una sutil interacción entre expresión y experiencia interna.
Algunas investigaciones han ido más allá, explorando la relación entre la sonrisa y la respuesta fisiológica al estrés. Por ejemplo, un estudio encontró que personas que mantuvieron expresiones sonrientes durante una situación estresante mostraron una recuperación más rápida de la frecuencia cardíaca tras el evento, lo que sugiere un posible papel regulador en el estrés agudo.
Los expertos advierten contra interpretar estos hallazgos como una invitación a ocultar emociones negativas detrás de una sonrisa. En cambio, la ciencia actual apunta a una comunicación bidireccional entre cerebro y rostro: así como nuestras emociones moldean nuestra expresión facial, ciertos gestos pueden, a su vez, modular sutilmente cómo experimentamos un momento.
Cada primer viernes de octubre se conmemora el Día Mundial de la Sonrisa, una fecha que este año invita a reflexionar sobre este gesto cotidiano desde una perspectiva científica: sonreír no transforma necesariamente cómo nos sentimos, pero puede ofrecer al cerebro una señal leve para iniciar un cambio en la percepción emocional.
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Ana María Guzmán
Editora de Salud
Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.
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