¿La IA generará una clase baja permanente? Análisis de riesgos y oportunidades
El avance de la IA plantea riesgos de polarización laboral y concentración de beneficios, aunque su impacto real depende de políticas de redistribución y adaptación del capital humano.
Miguel Ángel Pérez
Editor de Economía

El avance acelerado de la inteligencia artificial plantea interrogantes sobre su impacto estructural en el mercado laboral y la distribución de la riqueza. Según análisis recientes, a medida que los modelos se acercan a la inteligencia artificial general, una élite tecnológica podría concentrar la propiedad de plataformas de IA, centros de datos y recursos energéticos esenciales para la economía.
La automatización impulsada por IA agéntica y robótica avanzada podría sustituir gran parte del trabajo tal como se conoce actualmente, llevando a la desaparición de numerosos empleos. Desde esta perspectiva, gran parte de la población podría enfrentar dificultades para obtener ingresos dignos mediante la venta de su fuerza laboral, acumulando pocos activos y dependiendo de trabajos precarios o mal remunerados.
Visión escéptica y evidencia empírica limitada
Los economistas advierten contra narrativas alarmistas que carecen de respaldo empírico sólido. Los datos actuales del mercado laboral muestran pruebas escasas e inconcluyentes sobre una disrupción masiva causada por la IA. Además, algunos de los economistas más destacados han pronosticado un impacto más moderado de la tecnología en el empleo y los salarios.
No obstante, nos encontramos en las primeras etapas de adopción de la IA. Aunque la teoría de una "clase baja permanente" podría estar exagerada, podría señalar verdades incómodas sobre la distribución desigual de los beneficios tecnológicos.
Mecanismos de desigualdad potenciales
Si los beneficios de la IA recaen principalmente en propietarios de capital y trabajadores altamente calificados, la dinámica del mercado laboral podría desvalorizar las habilidades de otros trabajadores y reducir el costo de su mano de obra. Esto podría llevar a una menor inversión en capital humano entre trabajadores de bajos ingresos, frenando la movilidad social y acentuando las divisiones económicas.
Estudios como el de David Autor y Neil Thompson sugieren que la automatización puede bifurcar los resultados del mercado laboral: aumentar salarios al reemplazar tareas de baja cualificación, pero reducirlos al sustituir tareas que requieren alta especialización. Los trabajadores con conocimientos no sustituibles por máquinas podrían ver aumentos salariales significativos, mientras que otros podrían enfrentar la devaluación de sus habilidades y pérdida de su medio de vida.
Además, la concentración de beneficios en forma de capital humano y financiero podría replicar patrones observados en innovaciones previas. Un estudio sobre patentes de principios de los 2000 encontró que, por cada dólar de valor añadido generado por una nueva invención, solo 30 centavos iban a trabajadores y 70 centavos se convertían en beneficios, con la mayor parte de esos ingresos yendo a empleados ya altamente remunerados.
Efectos indirectos y consecuencias a largo plazo
Los efectos indirectos de la IA podrían ampliar la brecha entre trabajadores de altos y bajos salarios. A medida que ciertas habilidades quedan obsoletas, el exceso de oferta laboral podría presionar a la baja los salarios de todos los trabajadores poco calificados. Aunque podrían surgir nuevos empleos de baja cualificación vinculados a la recopilación y agregación de datos para modelos de IA, su remuneración sigue siendo incierta.
La mejora de competencias, reconversión y recualificación son procesos complejos. Además, investigaciones indican que las fluctuaciones salariales de los padres pueden afectar negativamente el desarrollo de habilidades de sus hijos, transmitiendo desventajas económicas entre generaciones. Los trabajadores con menores ingresos tienden a invertir menos en capital humano, lo que frena la movilidad social y refuerza la estratificación.
Perspectivas alternativas y consideraciones finales
Algunos analistas argumentan que las ganancias de productividad derivadas de la IA impulsarán la producción, reducirán precios y beneficiarán a los consumidores. Sin embargo, esto depende de cómo la tecnología afecte la oferta de bienes esenciales. Mientras que la IA podría abundar en software de bajo costo, su impacto en bienes con oferta inelástica —como la vivienda— podría ser menor, haciendo que estos resulten menos accesibles para quienes pierden oportunidades laborales.
Aunque una "clase baja permanente" no sea una realidad inminente, en el corto plazo la IA podría enriquecer a ciertos sectores y perjudicar a otros. La forma en que se distribuyan los beneficios tecnológicos determinará si se profundizan las desigualdades existentes o si se logra un crecimiento más inclusivo.
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Miguel Ángel Pérez
Editor de Economía
Economista y periodista financiero. Ex analista del Banco Central de la República Dominicana. Especialista en mercados y finanzas internacionales.
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