Educación

La Ciguapita: Un cuento que fusiona leyenda dominicana y valores universales

Aidita Selman reimagina la leyenda de la Ciguapa en un cuento que combina tradición oral, valores sociales y fantasía para enseñar respeto, solidaridad y presencia activa en la comunidad.

Carmen Rodríguez

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

domingo, 23 de agosto de 20263 min de lectura

La escritora Aidita Selman presenta una obra que rescata la tradición oral dominicana mediante el cuento La Ciguapita, publicado en 1999 como parte de la colección Banreservas del Círculo Dominicano de Escritores para Jóvenes y Niños. La narrativa parte del mito taíno de la Ciguapa, criatura legendaria descrita en crónicas históricas como una figura que caminaba al revés para despistar a sus perseguidores y se ocultaba con su larga cabellera.

Según el relato, los descendientes de la Ciguapa aprendieron a caminar de espaldas y permanecieron al margen de los cambios históricos que vivió la isla, desde la llegada de españoles, africanos, franceses, ingleses y americanos, hasta la época contemporánea. En este contexto, la protagonista, Ciguapita, representa la generación más reciente de esa estirpe, cansada de vivir en el escondite y decidida a interactuar con el mundo exterior.

Cansada de la soledad, Ciguapita sale de noche a jugar con animales cuadrúpedos, aunque su cabello se enreda frecuentemente en los cafetales, causándole dolor. Un día, al intentar trenzar el pelaje de sus compañeros sin recibir el mismo gesto a cambio, recuerda el dicho popular: "El que quiere moños bonitos que aguante jalones". Al buscar consuelo en su madre, es reprendida por salir sola y esperar el amanecer, lo que provoca un llanto descontrolado cuyas lágrimas inundan la escuela del pueblo.

En ese momento, la ficción se entrelaza con la realidad: Margarita, una estudiante de tercer grado, relata a sus compañeros un supuesto encuentro con una Ciguapa a quien intentó desenredar el pelo. Aunque inicialmente es objeto de burlas, su maestra le permite defender su versión. Sorprendentemente, en el suelo del aula aparece sal, interpretado como residuo de la inundación marina provocada por las lágrimas de Ciguapita, lo que despierta la curiosidad de los estudiantes.

Los niños, fascinados, se preparan para su encuentro nocturno con peines, cepillos, cintas de colores y un higuerito lleno de condimento. Cuando finalmente aparece la criatura, desciende velozmente por un yagua (tejido fibroso de la palma real) y, asustada, no puede hablar. Los niños la animan, le trenzan el cabello y le ofrecen batata, palabra que logra pronunciar tras el gesto de amistad.

La obra de Aidita Selman trasciende lo fantástico para transmitir valores universales: respeto, tolerancia, solidaridad y compañerismo. A través de metáforas como visitar la montaña o lavar el cabello, el cuento sugiere que ofrecer ayuda es esencial y que, en lugar de retirarse al "lugar del Recuerdo", es mejor permanecer presentes, dispuestos a conectar con otros. El puñado de sal dejado en el aula simboliza una invitación a permanecer, cultivar la amistad y construir fraternidad.

La ciguapita no solo preserva un fragmento del folklore dominicano, sino que lo adapta a una narrativa contemporánea que habla directamente a las nuevas generaciones, mostrando que el miedo y la oscuridad pueden superarse mediante la empatía y la acción colectiva.

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Carmen Rodríguez
Sobre el autor

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

Periodista con más de 15 años de experiencia en medios dominicanos. Especializada en política y asuntos gubernamentales. Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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