Educación

José Manuel Cueli: La educación como construcción de comunidad y armonía

José Manuel Cueli destaca el coro como escuela de vida: enseña armonía, disciplina y fraternidad, y ve en los jóvenes la pureza y esperanza para construir una sociedad más justa y solidaria.

Carmen Rodríguez

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

domingo, 2 de agosto de 20264 min de lectura

José Manuel Cueli, destacado educador y director coral, reflexiona sobre el papel transformador de la música coral en la formación integral de las personas, destacando su impacto en la construcción de comunidades más armoniosas y solidarias.

Tras décadas de trabajo con coros estudiantiles, Cueli afirma que dirigir un coro va mucho más allá de afinar voces: es un acto de formación ciudadana. Según su experiencia, participar en un coro enseña valores esenciales como el orden, la armonía, la fraternidad, el autocontrol y la disciplina, además de ayudar a los jóvenes a comprender el verdadero costo de la calidad.

"Que el orden, la armonía y la fraternidad son posibles. Que donde no llego como individuo, lo alcanzo en grupo. Aprende autocontrol, disciplina y a valorar el costo de la calidad."

Para Cueli, el coro es una poderosa metáfora de la sociedad: cada voz mantiene su identidad, pero ninguna busca imponerse sobre las demás. Este equilibrio, explica, refleja el ideal de una comunidad donde se trabaja por un bien común.

Al ser consultado sobre el sentido de cantar juntos, el educador profundiza en el origen de la palabra comunidad, vinculándola a comunión: trabajar con otros hacia una misión compartida. En este sentido, el coro se convierte en un modelo de vida colectiva, donde se comparte mucho más que el acto de cantar.

Tras más de cincuenta años trabajando con adolescentes y jóvenes, Cueli expresa una visión esperanzadora sobre la nueva generación. Reconoce que muchos jóvenes pueden llegar al canto heridos, ya sea físicamente o emocionalmente, pero insiste en que los jóvenes son lo más puro de la sociedad, pues aún no han sido profundamente marcados por el daño. Sus necesidades, afirma, son universales: ser reconocidos, expresar sentimientos, amar y construir.

"Estar entre ellos ha sido un privilegio que me mantiene alegre, ilusionado y esperanzado."

Respecto a las diferencias entre la juventud de ayer y la actual, Cueli evita la nostalgia y habla desde la responsabilidad. Señala que los jóvenes de hoy están más expuestos a las megatendencias de la sociedad, incluyendo ciertos medios de comunicación, redes sociales y tipos de música que, según él, poco contribuyen al desarrollo integral de la persona.

Por ello, defiende una educación que fortalezca las raíces de los jóvenes, para que puedan construir sus vidas sobre roca firme y resistir las influencias externas negativas. Su enfoque no es condenar la época, sino preparar mejor a quienes deberán vivirla.

Al regresar al Colegio Dominicano De La Salle como director, tras haber sido alumno, Cueli describió la experiencia como una oportunidad providencial, que le permitió ver la educación desde una perspectiva más amplia, como si la observara desde un dron. Su objetivo fue hacer el mayor bien posible a toda la comunidad educativa.

Al reflexionar sobre la diferencia entre enseñar y educar, comparte una historia personal: "Yo enseñé a hablar a mi perro, pero él no aprendió". Con ella, ilustra su convicción de que nadie enseña realmente; es el otro quien aprende. Para él, educar significa alimentar el interior de la persona para su crecimiento o ayudarla a sacar lo mejor que ya posee, partiendo del principio de que el estudiante no llega vacío, sino con una semilla interna de aprendizaje.

Cuando se le preguntó por los principios lasallistas más necesarios hoy, Cueli citó al Hermano Miguel Campos y destacó tres pilares: una fe vivida como presencia de Dios en los pobres, una fraternidad expresada en solidaridad con los más necesitados y un servicio comprometido con la justicia. Afirmó que estos valores los intenta vivir cada día, no como teoría, sino como profesión de vida.

En un momento profundo de la conversación, abordó la educación dominicana y señaló que, más allá de programas o presupuestos, el país atraviesa una crisis multidimensional: de la atención, del individualismo, del silencio, de la belleza y del dolor. Según su diagnóstico, el ruido domina la vida cotidiana y lo bello ha quedado relegado, lo que dificulta la capacidad de escuchar, sentir y conectar.

Compartir artículo

Carmen Rodríguez
Sobre el autor

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

Periodista con más de 15 años de experiencia en medios dominicanos. Especializada en política y asuntos gubernamentales. Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

José Manuel Cueli: La educación como construcción de comunidad y armonía | Noticias Daily