Salud

Hipertensión en jóvenes y atletas: un riesgo silencioso que no discrimina por edad ni actividad física

La hipertensión afecta a uno de cada cinco jóvenes, incluso atletas, y no siempre se debe al deporte. Se puede controlar sin dejar de entrenar.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

lunes, 5 de octubre de 20264 min de lectura
Hipertensión en jóvenes y atletas: un riesgo silencioso que no discrimina por edad ni actividad física
Hipertensión en jóvenes y atletas: un riesgo silencioso que no discrimina por edad ni actividad física

La hipertensión arterial ya no es exclusivamente una condición de adultos mayores, ya que un número significativo de adolescentes, universitarios y atletas de alto rendimiento también presentan cifras elevadas de presión arterial, incluso cuando practican deporte regularmente.

Según explicó el cardiólogo Samuel Guzmán de los Centros de Diagnóstico y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (CEDIMAT), durante mucho tiempo se creyó que el ejercicio físico ofrecía protección automática contra esta enfermedad. Sin embargo, estudios recientes realizados en miles de jóvenes han demostrado lo contrario.

En un análisis de casi 2.000 jóvenes entre 9 y 35 años, aproximadamente uno de cada cuatro presentó cifras compatibles con prehipertensión y casi uno de cada cinco tenía hipertensión arterial, sin diferencias importantes entre quienes practican deporte y quienes no.

Los principales factores asociados al desarrollo de hipertensión en este grupo etario son el sexo masculino, el aumento del índice de masa corporal y la edad, más que la actividad deportiva en sí. Esto confirma que, aunque el ejercicio reduce el riesgo cardiovascular, no elimina por completo la posibilidad de desarrollar hipertensión.

Factores de riesgo en jóvenes y atletas

La hipertensión arterial ocurre cuando la presión de la sangre sobre las arterias se mantiene elevada de forma persistente, obligando al corazón a trabajar más y aumentando, con el tiempo, el riesgo de daño en órganos vitales como el corazón, cerebro, riñones y vasos sanguíneos. Debido a que rara vez provoca síntomas, se conoce como el asesino silencioso.

En la mayoría de los casos, su origen es multifactorial, combinando predisposición genética y hábitos de estilo de vida. Entre los factores más relevantes se encuentran:

  • Antecedentes familiares de hipertensión
  • Exceso de peso u obesidad
  • Alimentación rica en sodio y alimentos ultraprocesados
  • Consumo excesivo de alcohol
  • Tabaquismo y vapeo
  • Estrés crónico
  • Falta de sueño
  • Consumo de bebidas energéticas y exceso de cafeína
  • Uso de suplementos estimulantes o sustancias para mejorar el rendimiento deportivo

En el caso de los atletas, pueden sumarse otros factores como el uso de esteroides anabólicos, hormona del crecimiento o ciertos suplementos con sustancias estimulantes que elevan la presión arterial. Incluso medicamentos de venta libre, como descongestionantes nasales o antiinflamatorios, pueden contribuir a su aumento.

Diagnóstico y manejo adecuado

Algunos deportistas presentan presión elevada solo durante la consulta médica debido a la ansiedad, un fenómeno conocido como hipertensión de bata blanca. Por ello, antes de confirmar un diagnóstico, se recomienda validar las cifras mediante mediciones en domicilio o un monitoreo ambulatorio de 24 horas. Estudios indican que hasta el 88% de los atletas con registros altos en consulta pueden presentar valores normales fuera del entorno clínico, evitando así tratamientos innecesarios.

Cuando se confirma hipertensión, la buena noticia es que, en la inmensa mayoría de los casos, no significa abandonar el deporte. Al contrario, la actividad física sigue siendo un pilar fundamental del tratamiento. La mayoría de las personas con hipertensión bien controlada pueden continuar entrenando e incluso compitiendo, siempre que hayan sido evaluadas previamente por un médico.

En algunos casos, especialmente cuando la presión es muy elevada o existen otros factores de riesgo, pueden requerirse estudios adicionales como electrocardiograma, ecocardiograma o pruebas de esfuerzo. Solo un pequeño grupo de atletas con hipertensión severa o daño cardíaco significativo necesitaría restricciones temporales mientras logra controlar su condición.

El enfoque terapéutico prioriza primero los cambios en el estilo de vida: reducción de sodio, mantenimiento de un peso saludable, sueño adecuado y manejo del estrés. Cuando estas medidas no son suficientes, se recurre a medicamentos seguros que no interfieren con el rendimiento deportivo. El objetivo no es simplemente bajar un número, sino proteger la salud cardiovascular a largo plazo.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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