Salud

Recuperar la alegría tras una pérdida no significa olvidar al ser querido

Recuperar la alegría tras una pérdida no significa olvidar al ser querido, sino integrar su ausencia en el proceso de sanación, según expertos en duelo.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

jueves, 15 de octubre de 20262 min de lectura
Recuperar la alegría tras una pérdida no significa olvidar al ser querido
Recuperar la alegría tras una pérdida no significa olvidar al ser querido

Recuperar la alegría después de perder a un ser querido no representa una traición a su memoria, sino una parte natural del proceso de duelo. Según la psicóloga clínica Andrea Belén, directora del Centro de Psicología Avanzada Calma Alma, el duelo constituye una respuesta humana ante la pérdida significativa y su superación no implica debilidad.

La tristeza, la rabia, la culpa, el miedo y la confusión son emociones comunes durante el duelo, pero también pueden surgir momentos de tranquilidad e incluso de alegría. Muchas personas experimentan culpa al sentir estas emociones positivas, creyendo que volver a sonreír equivale a olvidar o traicionar al fallecido.

El amor que sentimos por alguien no desaparece con su muerte, explica Belén. Este vínculo puede transformarse y mantenerse a través de los recuerdos, las enseñanzas, los valores y las experiencias compartidas. Continuar viviendo y aspirar al bienestar no disminuye el amor que existió.

Uno de los grandes desafíos tras una pérdida es recuperar el sentido de la cotidianidad. Algunas personas dejan de disfrutar actividades que antes les apasionaban, se alejan de su entorno social o sienten que no tienen derecho a ser felices. Sin embargo, Belén asegura que volver a disfrutar de la vida es posible con el tiempo.

Muchas personas, con el acompañamiento adecuado, logran establecer nuevas metas, retomar actividades y encontrar razones para levantarse cada mañana. Este proceso no sigue un calendario único: la forma de vivir el duelo depende de la historia personal, la relación con el fallecido y los recursos emocionales y sociales disponibles.

Para algunos, la espiritualidad brinda consuelo; para otros, son los hijos, la familia, las amistades, el trabajo o actividades que ayudan a reconstruir gradualmente la rutina. Mantener un vínculo emocional saludable con quien falleció puede formar parte de la adaptación, según la psicología contemporánea.

Hablar de la persona, recordarla, conservar tradiciones o incorporar sus enseñanzas a la vida diaria son formas de integrar su ausencia sin renunciar al presente. Belén enfatiza que buscar ayuda profesional es recomendable cuando el duelo se vuelve incapacitante, afecta las relaciones, se abandonan responsabilidades o se pierde el sentido del propósito.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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