Hijos que maltratan a sus padres: causas psicológicas y consecuencias
El maltrato filial tiene raíces en traumas infantiles, desequilibrios emocionales y falta de acceso a ayuda profesional, según especialistas en salud mental familiar.
Ana María Guzmán
Editora de Salud

El maltrato filial hacia los padres es un fenómeno complejo que requiere análisis cuidadoso desde una perspectiva psicológica y social. Según especialistas en salud mental familiar, no existe justificación alguna para normalizar el comportamiento abusivo contra los progenitores, quienes merecen respeto, empatía y acompañamiento por parte de sus hijos.
Uno de los factores más recurrentes en estos casos es la percepción de desequilibrio en la relación filial. Algunos hijos realizan un balance interno entre los méritos y desméritos atribuidos a sus padres. Cuando predomina la sensación de desmérito, pueden desarrollar actitudes de revancha o desquite, buscando 'cobrar' lo que perciben como injusticias pasadas mediante conductas agresivas o hostiles.
Las experiencias traumáticas en la infancia juegan un papel determinante en la aparición de estos comportamientos. Situaciones como incesto, negligencia, violencia física o emocional, maltrato y abandono pueden generar en el hijo una respuesta de venganza o, alternativamente, una actitud de impotencia aprendida, caracterizada por la sumisión y la incapacidad para establecer límites saludables.
Durante la niñez, la vulnerabilidad frente al abuso parental impide que el niño se defienda. El miedo y el estrés prolongado bloquean su capacidad de reacción, llevando a un estado de hipervigilancia constante. Esta condición dificulta el desarrollo de habilidades para establecer fronteras emocionales, ya que los padres no modelaron un entorno de confianza y protección, lo que resulta en pasividad, emociones reprimidas y revictimización psicológica.
En el contexto actual, las redes sociales han facilitado el acceso a información sobre salud mental. Algunos hijos, al identificar sus experiencias en contenidos profesionales, buscan ayuda y apoyo. Sin embargo, no todos cuentan con los recursos económicos, geográficos o educativos necesarios para acceder a servicios especializados. Otros, por falta de conciencia o estigma, no reconocen su malestar y, por lo tanto, no solicitan intervención.
Los expertos coinciden en que abordar este fenómeno requiere un enfoque integral que incluya terapia familiar, educación emocional y redes de apoyo comunitario. Romper el ciclo de violencia intergeneracional depende de la detección temprana, la validación de las experiencias de los hijos y la promoción de relaciones basadas en el respeto mutuo y la responsabilidad afectiva.
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Ana María Guzmán
Editora de Salud
Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.
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