El viaje de Colón: asombro, conquista y el inicio de un encuentro desigual
El viaje de Colón en 1492 marcó el inicio de un encuentro desigual entre Europa y América, donde el asombro se mezcló con el deseo de conquista y apropiación territorial.
Ana María Guzmán
Editora de Salud

En la madrugada del 12 de octubre de 1492, tras semanas de navegación por el Atlántico, la tripulación de Cristóbal Colón avistó tierra desde las carabelas. Lo que para los europeos representó el inicio de una aventura fue, para los pueblos originarios de la isla que hoy se conoce como parte de las Bahamas, la llegada inesperada de extranjeros que marcaría un antes y un después en su historia.
El diario de a bordo de Colón, conservado indirectamente mediante las transcripciones de su hijo Hernando Colón y el fraile Bartolomé de las Casas, revela un viaje marcado por tormentas, incertidumbres y la interpretación constante de señales naturales como indicios de proximidad a tierra. Cada ave, trozo de madera o hierba flotante fue visto como un presagio, reflejando tanto la tensión del viaje como la fe del navegante en su misión.
Colón escribió su diario no solo como registro personal, sino como instrumento de persuasión ante los Reyes Católicos. Por ello, describió las islas con un lenguaje exaltado: tierras fértiles, aguas abundantes, vegetación exuberante y potencial económico. La Española, en particular, fue presentada como un paraíso terrenal comparable a Castilla, rica en ríos, montañas y recursos aprovechables. Esta visión, según el historiador Balaguer (1956), estuvo inicialmente teñida de una exaltación lírica ante la naturaleza tropical, una especie de embriaguez panteísta que llenó sus primeras impresiones.
Sin embargo, esa misma escritura revela una dualidad de propósitos. Mientras Colón se maravillaba con la generosidad del cacique Guacanagarí, quien ayudó a los españoles tras el naufragio de la Santa María el día de Navidad, también comenzó a evaluar a los habitantes desde una perspectiva de utilidad: los describió como pacíficos, desnudos y temerosos, pero también como potenciales servidores y fáciles de convertir al cristianismo.
El naufragio de la Santa María no fue visto únicamente como una tragedia, sino como una oportunidad. Colón ordenó construir el fuerte de Navidad con la madera del barco, donde dejaron a treinta y nueve hombres. Interpretó el accidente como una señal divina, creyendo que Dios había permitido el suceso para establecer el primer asentamiento europeo en el Nuevo Mundo.
En sus intercambios iniciales, Colón describió el trueque de objetos europeos —cascabeles, cuentas de vidrio, agujetas y fragmentos de metal— por algodón, alimentos y pequeñas piezas de oro. Aunque lo presentó como un intercambio amistoso, este marcó el inicio de una relación desigual, en la que los valores y significados de los bienes diferían profundamente entre ambas partes.
El proceso de nombramiento de las tierras también fue un acto de apropiación simbólica. Nombres como San Salvador, Santa María de la Concepción, Fernandina, Isabela y La Española reemplazaron a los topónimos indígenas, incorporando el territorio al dominio de la Corona de Castilla y borrando, en el discurso europeo, las identidades preexistentes.
Así, el diario de Colón refleja una contradicción central: por un lado, una prosa de indudable valor expresivo y estético, rica en metáforas y sensibilidad ante la naturaleza; por otro, una mirada constantemente atravesada por el apetito de oro, tierras y expansión. Como señala Balaguer (1956), el navegante osciló entre la fascinación contemplativa y la ambición económica, donde el deseo de riquezas «iba clavada a su pensamiento como una espuela al flanco de un caballo», pero se temporarily disipaba ante la belleza del nuevo mundo.
Este documento, por tanto, no solo narra un viaje de descubrimiento, sino que evidencia el inicio de un proceso de encuentro desigual, donde el asombro europeo se entrelazó con el proyecto de dominación, sentando las bases de una transformación histórica profunda y duradera para los pueblos originarios de América.
Compartir artículo
Ana María Guzmán
Editora de Salud
Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.
Te puede interesar
Más noticias de news

El Ánima Sola: entre la tradición católica y la religiosidad popular caribeña
El Ánima Sola trasciende su origen católico para convertirse en un símbolo de la religiosidad popular caribeña, fusionando tradiciones europeas, africanas y locales en una práctica viva de reciprocidad y memoria.
Festival de cortometrajes impulsa participación y derechos de niñas en RD
Festival de cortometrajes en la UASD promueve derechos y participación de niñas en RD con apoyo de Unicef, Unfpa y LDBF
Manifestaciones en EE.UU. impulsan voto anticipado en elecciones de medio término
Manifestaciones pacíficas en EE.UU. promueven el voto anticipado para las elecciones de medio término de 2026, buscando aumentar la participación ciudadana y evitar congestión el día de la votación.

Salud de los papas: de la cirugía de León XIV a la renuncia de Benedicto XVI
La cirugía de León XIV por cáncer de pulmón revive el análisis de los desafíos de salud de los papas recientes, desde las complicaciones de Francisco hasta la renuncia de Benedicto XVI y el Parkinson de Juan Pablo II.