Política

El respaldo presidencial no garantiza victoria: lecciones históricas del PLD y PRD

El respaldo presidencial no garantiza victoria electoral: casos históricos del PLD y PRD muestran que la división interna tras las primarias suele costar el poder, pese al apoyo oficial.

Carmen Rodríguez

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

martes, 8 de septiembre de 20263 min de lectura
El respaldo presidencial no garantiza victoria: lecciones históricas del PLD y PRD
El respaldo presidencial no garantiza victoria: lecciones históricas del PLD y PRD

Los candidatos presidenciales oficialistas apadrinados por el presidente en ejercicio no siempre han logrado el éxito electoral, pese al respaldo institucional y los recursos del poder. Un repaso histórico de las elecciones dominicanas revela que, más allá del apoyo del mandatario de turno, la unidad partidaria y la gestión de gobierno han sido factores determinantes para el triunfo.

El caso más reciente ocurrió en 2019, cuando el entonces presidente Danilo Medina respaldó decisivamente a Gonzalo Castillo para ganar la nominación presidencial del Partido de la Liberación Dominicana (PLD). Castillo venció al expresidente Leonel Fernández por un margen estrecho: 911,324 votos (48.72%) contra 884,630 (47.29%), una diferencia de apenas 26,694 votos.

Este resultado provocó una profunda fractura en el PLD. Tras la derrota interna, Leonel Fernández abandonó el partido y fundó la Fuerza del Pueblo, debilitando significativamente al oficialismo. En las elecciones del 5 de julio de 2020, Luis Abinader y el Partido Revolucionario Moderno (PRM) se impusieron con 2,154,829 votos válidos (52.52%), mientras el PLD, dividido, perdió el poder.

Un precedente similar se dio en 1999, cuando Leonel Fernández, entonces presidente, apoyó a Danilo Medina sobre Jaime David Fernández Mirabal en las primarias del PLD. Medina ganó con el 51.7% de los votos frente al 39.7% de Fernández Mirabal. Sin embargo, en las elecciones de 2000, el PLD sufrió una derrota contundente: Hipólito Mejía del PRD obtuvo 1,593,231 votos (49.87%), mientras Medina apenas alcanzó 796,923 (24.94%).

En 1996, aunque el presidente Joaquín Balaguer no intervino activamente, tampoco se opuso al triunfo de Jacinto Peynado en las primarias del Partido Reformista, donde este obtuvo cerca del 75% de los apoyos. Sin embargo, en las elecciones generales, Peynado y su partido obtuvieron apenas 435,504 votos (14.99%), quedando en tercer lugar.

Más atrás, en 1985, el presidente Salvador Jorge Blanco respaldó a José Francisco Peña Gómez en la convención del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) para frenar a Jacobo Majluta. Majluta ganó la contienda interna, pero el partido quedó dividido. En las elecciones de 1986, perdió frente a Balaguer por un estrecho margen: 877,378 votos (41.53%) contra 828,209 (39.20%), una diferencia de 49,169 votos.

Estos casos muestran un patrón recurrente: el apadrinamiento presidencial, aunque exitoso en lo interno, a menudo profunda las divisiones partidarias, lo que termina afectando el desempeño electoral. La experiencia sugiere que las mayores garantías de triunfo para un candidato oficialista no dependen únicamente del apoyo del gobernante, sino de la capacidad de mantener la unidad interna y de demostrar resultados efectivos en la gestión de gobierno.

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Sobre el autor

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

Periodista con más de 15 años de experiencia en medios dominicanos. Especializada en política y asuntos gubernamentales. Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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