Educación

El Cuco: cómo el miedo aprendido moldea nuestra percepción del desconocido

El cuento 'El Cuco' explora cómo el miedo infantil se construye a través de palabras heredadas, no de experiencias reales, y cómo enfrentar lo desconocido transforma el terror en comprensión.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

domingo, 23 de agosto de 20263 min de lectura

El miedo no siempre nace de una amenaza real, sino que frecuentemente se construye a través de las palabras y las creencias heredadas, tal como lo ilustra el cuento El Cuco (The Boogeyman) de Elizabeth Balaguer, publicado en 2012 con ilustraciones de Emma Nice Grullón Balaguer. La historia parte de una figura tradicional del imaginario infantil para explorar cómo el miedo se instala en la mente mucho antes de que exista un peligro concreto.

Carmencita, la protagonista, llega al campo con curiosidad, pero su experiencia cambia cuando su tío Ramón le advierte: “¡No corras, no corras muchachita traviesa, si no quieres que el Cuco te lleve!” (página 8). Desde ese momento, el Cuco deja de ser solo un personaje de cuentos para convertirse en una presencia real dentro de su mente, demostrando que el miedo puede existir únicamente por creer en él.

Este fenómeno revela un mecanismo clave del aprendizaje infantil: gran parte de lo que tememos durante la infancia no proviene de experiencias directas, sino de lo que nos enseñan los adultos. Al repetir que algo es peligroso o amenazante, se activa la imaginación del niño, que convierte la advertencia en una certeza emocional, incluso sin evidencia real.

La oscuridad del cuarto se convierte en una metáfora de la incertidumbre humana. Cuando Carmencita escucha ruidos extraños y no puede ver su origen, su mente llena el vacío con lo que ya conoce: el Cuco. Este proceso refleja cómo el ser humano interpreta lo desconocido mediante esquemas previos, especialmente cuando falta información clara.

El giro del cuento ocurre cuando Carmencita decide dejar de huir y mirar. Cansada de tener miedo, prueba su valentía al enfrentar lo desconocido (página 18). Ese gesto simboliza una lección filosófica profunda: la valentía no es la ausencia de miedo, sino la decisión de actuar pese a él, tal como expresó Nelson Mandela: “El valiente no es el que no siente miedo, sino aquel que conquista ese miedo”.

El relato invita a reflexionar sobre los miedos heredados: muchos de nuestros temores —hacia la noche, el fracaso, lo desconocido o el silencio— no nacen de vivencias propias, sino de historias que se repiten sin cuestionarse. Al final, el Cuco no aparece como un destruidor, sino como una figura que, al ser enfrentada, pierde su poder de terror y puede incluso transformarse en algo familiar.

Así, el cuento no condena la tradición del Cuco, sino que la utiliza como espejo para mostrar cómo ciertos mecanismos de obediencia y control se basan en el miedo aprendido. Nos recuerda que, a veces, los monstruos que tememos no vienen a destruirnos, sino a ser comprendidos.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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