Salud

Crecimiento sostenido en la demanda de atención por trastornos del neurodesarrollo en Santiago

La UPSE de la Clínica Corominas en Santiago ha duplicado su atención en cinco años debido al aumento de casos de TDAH, TEA y trastornos del aprendizaje, con detección clave en escuelas y necesidad de fortalecer referencias médicas tempranas.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

lunes, 27 de julio de 20264 min de lectura

La Unidad de Psicología Especializada (UPSE) de la Clínica Corominas en Santiago ha duplicado su carga de pacientes en los últimos cinco años, pasando de atender un número significativo a más del doble actualmente, según datos proporcionados por su fundadora y directora, Saray Espinal Gómez, psicóloga especialista en Neuropsicología Clínica.

Este aumento sostenido refleja una tendencia creciente en la ciudad, donde un número cada vez mayor de familias busca evaluación, diagnóstico e intervención profesional ante condiciones que afectan el desarrollo integral de niños, adolescentes y, en menor medida, adultos.

Perfil de los pacientes y principales trastornos atendidos

En una jornada típica, la UPSE programa alrededor de 132 citas, de las cuales aproximadamente el 70 % corresponde a población infantil y adolescente. Los sábados, la agenda permanece completa desde las 8:00 a. m. hasta las 3:00 p. m., lo que evidencia la alta demanda del servicio.

Según Espinal Gómez, los trastornos del neurodesarrollo representan la mayor parte de los casos atendidos, destacando:

  • Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH)
  • Trastornos del espectro autista (TEA)
  • Trastornos del aprendizaje
  • Alteraciones conductuales

La mayoría de los pacientes infantiles tienen entre 3 y 12 años, y en muchos casos, la primera alerta surge en el ámbito escolar, donde docentes identifican dificultades en el aprendizaje, la atención o la interacción social.

Detección temprana y papel de las instituciones

La escuela actúa como principal canal de detección, ya que la mayoría de los niños son referidos por sus instituciones educativas. Sin embargo, Espinal Gómez señala un aumento en la conciencia parental: cada vez más familias comparan el desarrollo de sus hijos y buscan ayuda de forma proactiva.

No obstante, la especialista enfatiza la necesidad de fortalecer la detección en el sector médico: es fundamental trabajar con pediatras para lograr referencias más tempranas, ya que un diagnóstico precoz aumenta significativamente las oportunidades de intervención efectiva.

A pesar de los avances, aún llegan a la unidad adolescentes de 12 y 14 años que pasaron años sin un diagnóstico adecuado, arrastrando problemas no detectados como alteraciones del habla, dificultades de aprendizaje o síntomas del espectro autista.

Enfoque clínico y desafíos en el tratamiento

En UPSE, ningún paciente inicia tratamiento sin una evaluación previa basada en pruebas validadas científicamente. A partir del diagnóstico, se diseña un abordaje integral que puede incluir terapia conductual, del habla, ocupacional, estimulación temprana, terapia familiar y rehabilitación cognitiva.

El proceso comienza con el acompañamiento emocional a las familias. Como explica Espinal Gómez:

"Los padres hacen un duelo al recibir el diagnóstico y es completamente normal. Es duro. Nuestra labor es hacerles comprender que un diagnóstico no limita el futuro de un niño, sino que nos da las herramientas para potenciar sus capacidades. Hay que entender que tenemos cerebros distintos y que esas diferencias también pueden representar grandes fortalezas."

El éxito del tratamiento depende, según la especialista, de la articulación entre el consultorio, la familia y el colegio, así como del mantenimiento de estructuras claras en el hogar, incluyendo rutinas de sueño, estudio y límites en el uso de pantallas.

Adolescencia: nuevos desafíos en salud emocional

A medida que los pacientes avanzan hacia la adolescencia (13 a 18 años), el motivo de consulta se orienta cada vez más hacia la salud mental y emocional, con predominio de cuadros de ansiedad, depresión y trastornos de la conducta.

Detrás de estos síntomas, se identifican frecuentemente conflictos familiares, dificultades de adaptación y, de manera persistente, el acoso escolar (bullying). Muchas familias llegan sospechando depresión, pero al profundizar se descubre que el adolescente ha sido víctima de maltrato prolongado, algo que muchos menores normalizan como parte de la vida escolar.

Además, preocupa el consumo temprano de sustancias, especialmente marihuana, cigarrillos electrónicos (vapeadores) y alcohol. Espinal Gómez advierte que el uso de marihuana en adolescentes puede actuar como un depresor del sistema nervioso central, alterando el estado de ánimo y agravando cuadros de ansiedad en cerebros aún en desarrollo.

Redes de apoyo y rol familiar

El día a día en UPSE revela una importante presencia de madres solteras y abuelas que asumen en soledad el proceso terapéutico y logístico de los menores. Espinal Gómez reconoce el esfuerzo extraordinario de muchas mujeres que desempeñan doble rol para sostener las terapias y la crianza.

Al mismo tiempo, observa un cambio generacional positivo: cada vez más padres están informados, involucrados y dispuestos a participar activamente en el tratamiento de sus hijos, lo que contribuye a mejores resultados terapéuticos.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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