Salud

El costo invisible de la salud mental en las familias dominicanas

Martha, de 60 años, sostiene a su familia con RD$2,000 mensuales mientras cuida a su hijo con esquizofrenia y su esposo con cáncer, reflejando el costo invisible de la salud mental en el hogar dominicano.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

lunes, 17 de agosto de 20263 min de lectura
El costo invisible de la salud mental en las familias dominicanas
El costo invisible de la salud mental en las familias dominicanas

Martha, una mujer de 60 años, sostiene su hogar con un ingreso mensual de RD$2,000 obtenido mediante labores de limpieza tres veces por semana, complementadas ocasionalmente con trabajos como lavandería o carga de cilindros de gas. Este esfuerzo físico, poco habitual para su edad, busca hacer frente a las necesidades de una familia marcada por la enfermedad mental durante más de una década.

Su esposo, de 73 años, continúa trabajando como ebanista pese a enfrentar un cáncer de garganta. Su único hijo, de 29 años, vive con esquizofrenia desde los 16. En la misma vivienda de madera, dividida en espacios reducidos, también reside un sobrino que presenta síntomas compatibles con un trastorno mental, aunque nunca ha sido evaluado por un especialista.

Durante 13 años, Martha ha organizado consultas, medicamentos y crisis, mientras busca cómo llevar dinero al hogar. Cada consulta implica transporte; cada recaída altera la dinámica familiar; cada medicamento representa un nuevo esfuerzo económico. Aunque encontró apoyo en la Pastoral de la Salud, donde su hijo recibe seguimiento médico y parte de los medicamentos prescritos, no todo el tratamiento está cubierto.

La psiquiatra le entrega recetas para facilitar la continuidad, pero Martha debe comprar mensualmente una caja de medicamento por su cuenta. "Lo vamos juntando", explica, resumiendo una realidad compartida por muchas familias: sostener un tratamiento prolongado implica reorganizar constantemente el presupuesto del hogar.

Aunque el diagnóstico corresponde a una sola persona, la enfermedad termina involucrando a toda la familia. Martha administra los medicamentos, acompaña a su hijo a las consultas, prepara sus comidas, permanece atenta a los cambios en su comportamiento y procura que tome la última dosis antes de dormir. Al mismo tiempo, cuida de su esposo y de otros familiares que viven en la vivienda.

Según el psiquiatra y exdirector nacional de Salud Mental, Ángel Almánzar, uno de los principales desafíos del sistema dominicano no termina con el diagnóstico ni con la apertura de nuevos servicios. "La continuidad es fundamental", afirma. Explica que enfermedades como la esquizofrenia requieren seguimiento permanente y que interrumpir la medicación puede aumentar el riesgo de recaídas, nuevas crisis y hospitalizaciones.

Por esa razón, considera que la salud mental debe contar con una protección financiera equivalente a la de otras enfermedades crónicas dentro del Sistema Dominicano de Seguridad Social. "La salud mental debe recibir la misma protección que cualquier otra enfermedad crónica", sostiene.

Durante los últimos años, el Estado ha impulsado distintas medidas para fortalecer la atención en salud mental. El Plan Estratégico Nacional de Salud Mental 2026-2030, elaborado por el Ministerio de Salud Pública, plantea ampliar la atención comunitaria, fortalecer el seguimiento de los pacientes y mejorar el acceso a medicamentos esenciales.

Una parte de esa respuesta recae sobre el Programa de Medicamentos Esenciales y Central de Apoyo Logístico (PROMESE/CAL), que recibe directamente del Servicio Nacional de Salud (SNS) y del Ministerio de Salud Pública los requerimientos de medicamentos de salud mental destinados a las Unidades de Intervención en Crisis (UIC) y las Clínicas de Larga Evolución (CLIPES). A partir de esas solicitudes, PROMESE/CAL realiza los procesos de adquisición, almacenamiento y distribución de los medicamentos hacia la red hospitalaria pública.

Entre los medicamentos de salud mental que forman parte de su catálogo figuran clorpromazina, flufenazina decanoato, haloperidol, olanzapina, quetiapina y risperidona, entre los antipsicóticos; fluoxetina, amitriptilina e imipramina, entre los antidepresivos; y carbonato de litio, ácido valproico o valproato sódico y carbamazepina, utilizados como estabilizadores del estado de ánimo y anticonvulsivantes.

Además, PROMESE/CAL ejecuta el Programa de Apoyo a las Unidades de Salud Mental (PAUSAM), orientado a fortalecer la capacidad operativa de los centros de salud mental en todo el país.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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