Bajos salarios y escasa capacitación: la dura realidad del personal de seguridad en hospitales de Santo Domingo
Vigilantes en hospitales de Santo Domingo denuncian salarios de hasta 9,500 pesos, jornadas extenuantes y falta de capacitación, pese a ser el primer contacto en emergencias médicas.
Ana María Guzmán
Editora de Salud
El personal de seguridad en los hospitales públicos de Santo Domingo enfrenta condiciones laborales críticas, caracterizadas por bajos salarios, limitada capacitación y una carga emocional significativa debido al constante contacto con situaciones de emergencia y dolor humano. Este grupo, que constituye el primer punto de contacto para pacientes y familiares, trabaja en un entorno de alta presión sin el respaldo necesario para desempeñar su labor con dignidad y eficacia.
Juan López, vigilante con 28 años de servicio en un hospital de la capital, reveló que su ingreso mensual es de apenas 10,000 pesos dominicanos, una cifra que, según él, refleja la realidad compartida por otros empleados administrativos y de muchos de sus colegas. «Aquí solo ganan bien los médicos; los demás ganamos una miseria», declaró en tono reservado, temiendo repercusiones laborales. Su testimonio ilustra una realidad extendida: ingresos que no alcanzan ni el 50% del costo de la canasta básica familiar, cuyo valor oscila entre 35,000 y 49,268.36 pesos según región y composición del hogar.
La disparidad en las condiciones laborales es evidente según el tipo de contratación. Mientras los agentes de seguridad privada reportan ganar alrededor de 24,500 pesos mensuales por jornadas de 12 horas (de 7:00 a.m. a 7:00 p.m., lunes a sábado), denuncian que apenas dos agentes son asignados por turno para vigilar todo el centro de salud, una proporción que consideran insuficiente frente al alto flujo de pacientes, familiares y visitantes. Este personal labora bajo empresas privadas, sin la presencia de militares o policías nacionales en algunos centros.
En contraste, en un hospital especializado en atención infantil, el personal de seguridad admittedor de bajos salarios prefirió no hablar abiertamente por temor a represalias de sus superiores, lo que refleja un clima de restricción laboral y falta de canales seguros para expresar inquietudes.
Un camillero con más de 18 años de antigüedad compartió que su ingreso neto es de 9,500 pesos mensuales, de los cuales destina 150 pesos diarios al transporte. «No me voy para no perder mis años de trabajo, pero, si no fuera por eso, hace rato lo hubiera hecho», expresó con evidente indignación, subrayando que la permanencia en el puesto responde más al temor de perder antigüedad y beneficios asociados que a satisfacción laboral.
La falta de capacitación adecuada agrava la situación. Aunque algunos reciben instrucciones básicas, muchos reconocen que las respuestas protocolares ante situaciones de dolor o desesperación —como preguntar «¿Hacia dónde se dirige? ¿Qué le pasa, joven?»— pueden parecer insensibles desde una perspectiva humana, aunque se consideren correctas desde el punto de vista operativo. Esta desconexión entre la lógica institucional y la empatía necesaria en entornos de salud genera tensiones adicionales en el desempeño diario.
El personal de seguridad hospitalario cumple una función esencial: no solo mantiene el orden, sino que brinda la primera contención emocional a quienes llegan en estado de vulnerabilidad. Sin embargo, su labor permanece poco visibilizada, subvalorada y excluida de mejoras sustanciales en remuneración y formación. La combinación de salarios insuficientes, escasa preparación y alta exposición al sufrimiento humano configura una realidad dramática que exige atención urgente por parte de las autoridades de salud y laboral.
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Ana María Guzmán
Editora de Salud
Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.
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