Salud

Alimentación adecuada para pacientes con colitis ulcerativa: guía nutricional

Guía nutricional para colitis ulcerativa: dieta baja en residuos en fase activa y reintroducción progresiva en remisión para prevenir desnutrición y sarcopenia.

Ana María Guzmán

Ana María Guzmán

Editora de Salud

jueves, 16 de julio de 20263 min de lectura

La colitis ulcerativa afecta a más de 5 millones de personas en todo el mundo, siendo una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que impacta significativamente la calidad de vida de quienes la padecen. Aunque su origen es multifactorial y no se resuelve únicamente mediante la dieta, la nutrición juega un papel fundamental como herramienta terapéutica indispensable en el manejo de la condición.

Entre el 28% y el 85% de los pacientes con colitis ulcerativa presentan algún grado de desnutrición, principalmente debido a la intolerancia alimentaria asociada a síntomas como diarrea, sangrado rectal, cólicos abdominales y, en algunos casos, obstrucción intestinal. Este déficit nutricional puede agravar el curso de la enfermedad y dificultar la recuperación.

Hasta el 50% de los pacientes con peso normal o sobrepeso desarrollan sarcopenia, definida como la pérdida progresiva de masa muscular y fuerza, como consecuencia de la inflamación crónica que degrada las proteínas corporales (Tumanni MF et al., Rev Chil Nutr 2020;47). Este hallazgo subraya la importancia de una intervención nutricional temprana y personalizada, incluso en ausencia de pérdida de peso evidente.

Recomendaciones nutricionales según la fase de la enfermedad

Durante la fase activa de la colitis ulcerativa, cuando el intestino está inflamado y sintomático, se prioriza el reposo intestinal mediante una dieta baja en residuos. Esto implica reducir al mínimo la ingesta de fibra insoluble (presente en cereales integrales, frutas con piel y verduras crudas) y limitar las grasas saturadas para disminuir el volumen y la irritación de las heces.

Se aconseja evitar lácteos enteros, café, alcohol, especias picantes y alimentos que produzcan gases, como legumbres no bien cocidas o ciertas verduras crucíferas. En cambio, se recomiendan proteínas magras como pollo sin piel o pescado, vegetales bien cocidos y sin piel (como zanahoria o calabacín) y frutas de fácil digestión, como el plátano maduro.

En la fase de remisión, cuando los síntomas disminuyen o desaparecen, se debe proceder a una reintroducción gradual y progresiva de todos los grupos alimenticios. Este enfoque permite nutrir adecuadamente la microbiota intestinal, especialmente mediante el consumo de fibras solubles presentes en alimentos como la auyama, la manzana cocida o el avena.

La Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN) respalda una alimentación saludable, variada y equilibrada, adaptada a las tolerancias individuales. Se recomienda incluir diariamente cereales integrales, frutas, verduras y legumbres; lácteos sin lactosa; pescados azules 2-3 veces por semana; huevos 2-4 veces semanales; y carnes rojas con moderación (cada 15 días). Los métodos de cocción preferidos son hervido, horneado, a la plancha o al vapor, evitando frituras y exceso de azúcares añadidos.

Finalmente, se enfatiza la importancia de consultar a un nutriólogo especializado para diseñar un plan alimentario personalizado, considerando la fase de la enfermedad, las intolerancias específicas y las necesidades energéticas y proteicas de cada paciente.

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Ana María Guzmán
Sobre el autor

Ana María Guzmán

Editora de Salud

Periodista especializada en salud pública y bienestar. Colaboradora de organizaciones de salud en el Caribe. Máster en Comunicación Científica.

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