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El uso cotidiano de etiquetas psicológicas como 'narcisista' o 'manipulador' crece sin respaldo profesional

El 43% de adultos usa etiquetas como 'narcisista' o 'manipulador' en relaciones sin diagnóstico profesional, según encuesta de 6.800 personas.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

sábado, 5 de septiembre de 20263 min de lectura
El uso cotidiano de etiquetas psicológicas como 'narcisista' o 'manipulador' crece sin respaldo profesional
El uso cotidiano de etiquetas psicológicas como 'narcisista' o 'manipulador' crece sin respaldo profesional

El 43 % de los adultos ha utilizado etiquetas psicológicas para describirse a sí mismo y otra contrapuesta para definir a una pareja o expareja, según una encuesta realizada por ClarityCheck entre 6.800 personas de Estados Unidos, la Unión Europea y América Latina. Este fenómeno refleja cómo términos como 'narcisista', 'manipulador', 'empático', 'complaciente' o relacionados con los estilos de apego han trascendido el ámbito clínico para instalarse en conversaciones cotidianas, redes sociales y conflictos personales.

Las combinaciones más frecuentes incluyen 'empático' frente a 'narcisista', 'complaciente' frente a 'manipulador' y 'apego ansioso' frente a 'apego evitativo', mostrando una tendencia a atribuirse cualidades positivas mientras se etiqueta al otro con rasgos negativos o patológicos. El uso no se limita a relaciones de pareja: el 61 % de los participantes admittedió haber aplicado lenguaje psicológico para describir a amigos, familiares, compañeros de trabajo u otras personas conocidas.

Al mismo tiempo, el 54 % afirmó haberse identificado con alguna etiqueta encontrada en videos cortos, pódcast, publicaciones en redes sociales, libros o artículos, lo que indica una absorción pasiva de estos conceptos mediante contenidos divulgativos. Aunque esta popularización puede tener un lado positivo al ofrecer un vocabulario para expresar experiencias emocionales complejas o reconocer señales de abuso emocional, coerción o manipulación prolongada, expertos advierten sobre sus riesgos cuando se usa sin criterio profesional.

El problema surge cuando una etiqueta deja de describir una conducta específica y pasa a funcionar como una explicación definitiva de la personalidad, motivaciones o intenciones de otra persona. En este sentido, el 46 % de los encuestados admitió haber llamado a alguien 'narcisista', 'manipulador', 'psicópata' o utilizado otro término de resonancia clínica sin saber si esa persona contaba con un diagnóstico profesional. Este hallazgo es particularmente relevante porque, como señala el informe, describir una acción concreta ('mintió') no es equivalente a atribuir una rasgo de personalidad ('es manipulador'), lo que puede llevar a juicios reductivos y poco fundamentados.

Las redes sociales amplifican esta tendencia: el 31 % de los encuestados compartió reels, fragmentos de pódcast, publicaciones o artículos para validar que ellos mismos o alguien conocido encajaba en una categoría psicológica. Aunque este tipo de contenido puede ayudar a identificar patrones de comportamiento o iniciar conversaciones sobre salud mental, reconocer ciertos rasgos en un video no constituye una evaluación psicológica completa ni válida desde un punto de vista clínico.

Durante los conflictos, el uso de lenguaje psicológico tiende a reforzar la percepción de culpabilidad ajena: el 42 % de quienes emplearon estos términos en una discusión aseguró que esto fortaleció su convicción de que la otra persona era la principal responsable. Incluso tras reconocer sus propios errores —como mentir, insultar o actuar de forma injusta—, el 34 % continuó utilizando las etiquetas para definir al otro, lo que sugiere una resistencia a la autorreflexión cuando se recurre a explicaciones diagnósticas.

Los autores del estudio enfatizan que identificar conductas dañinas como violencia, intimidación o coerción sigue siendo esencial y no requiere asignar un diagnóstico psicológico al agresor. Sin embargo, advierten que el riesgo reside en convertir términos complejos y matizados en explicaciones absolutas sobre quién es el otro. La distinción clave, concluyen, está entre usar el lenguaje psicológico para describir comportamientos y emplearlo para diagnosticar o definir por completo a una persona —una frontera que, en el uso cotidiano, se está volviendo cada vez más difusa.

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Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.

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