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Thiara Mendoza, de 18 años, lucha por sobrevivir tras ataque de su exnovio en Santo Domingo Este

Thiara Mendoza, de 18 años, está en estado crítico tras ser atacada por su exnovio en Santo Domingo Este. El caso refleja el aumento de violencia de género en República Dominicana en 2026.

Francisco Herrera

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

domingo, 27 de septiembre de 20265 min de lectura
Thiara Mendoza, de 18 años, lucha por sobrevivir tras ataque de su exnovio en Santo Domingo Este
Thiara Mendoza, de 18 años, lucha por sobrevivir tras ataque de su exnovio en Santo Domingo Este

Thiara Mendoza Matos, de 18 años, permanece en estado crítico en el Hospital Militar Docente Ramón de Lara tras ser atacada con un arma blanca la noche del 26 de septiembre. La joven regresaba de un gimnasio en una pasola junto a una amiga cuando fue interceptada en el sector San Isidro, en Santo Domingo Este.

Según la denuncia presentada por su padre ante la Unidad de Atención a Víctimas de Violencia de Género de Los Mina, el presunto agresor es su exnovio, Oscar Junior Frías Mañón, conocido como “Nongo”. Agentes de la Dirección Central de Investigación (Dicrim) mantienen activa su búsqueda y le han pedido que se entregue a las autoridades por la vía que considere pertinente.

El ataque ocurrió alrededor de las 8:00 de la noche, cuando el hombre habría seguido a Thiara en una motocicleta hasta interceptarla. Según el relato, la sujetó por la cabeza, provocando que ella y su acompañante cayeran de la pasola. Cuando Thiara quedó en el suelo, presuntamente le propinó dos puñaladas por la espalda y escapó. El hecho fue calificado preliminarmente como violencia de género, violencia física y uso de arma blanca.

Hansel Mendoza, padre de Thiara, describió al agresor como “una persona muy celosa y violenta” y afirmó que anteriormente había golpeado a su hija. Según su testimonio, la joven había comunicado a su madre su decisión de terminar la relación debido a los maltratos. El ataque habría estado precedido por señales frecuentes en la violencia de pareja: control, agresiones previas, ruptura, persecución y una escalada capaz de poner la vida en peligro.

Contexto nacional de violencia de género en 2026

El caso de Thiara se suma a una cadena de amenazas, agresiones y muertes que ha marcado 2026. Entre enero y marzo, el Ministerio Público contabilizó 22 feminicidios y 17.552 denuncias por violencia de género, intrafamiliar y delitos sexuales. Solo tres de las mujeres asesinadas habían denunciado previamente. Cerca del 89 % de los reportes correspondió a violencia intrafamiliar y de pareja, con una presencia significativa de exparejas entre los señalados.

El 3 de septiembre, la procuradora general Yeni Berenice Reynoso informó que 62 mujeres habían sido asesinadas por sus parejas o exparejas en lo transcurrido del año, tres más que los 59 casos atribuidos a esos vínculos durante todo 2025. Otro dato agrava el panorama: el 89 % de las víctimas no había denunciado los maltratos y cerca de una cuarta parte de los agresores se suicidó después del crimen.

Los primeros días del año dejaron varios hogares en duelo. El 2 de enero, Rosemary Sosa, de 29 años, murió en Gualey, Distrito Nacional, tras un ataque atribuido a su pareja. Un día antes, Santa Sepúlveda, de 32 años, falleció por una herida de bala en La Zurza. En ese caso, las autoridades identificaron a la pareja de la víctima como presunto responsable.

La violencia también alcanzó a mujeres muy jóvenes. En San José de Ocoa, Huilda Encarnación, de 16 años, perdió la vida tras una agresión con arma blanca atribuida a su pareja. En Pantoja, Santo Domingo Oeste, Katherine Méndez, de 18 años, fue asesinada dentro de su vivienda; un hombre de 25 años fue señalado como principal sospechoso. En Azua, Licauri Díaz, de 25 años, murió de un disparo el 25 de enero. Por este último hecho, un oficial del Ejército fue enviado a prisión preventiva mientras avanzaban las investigaciones.

En mayo, los nombres de Esmeralda Moronta e Indhira Carolina Beltré, ambas de poco más de 30 años, volvieron a estremecer al país. Durante esos mismos días, otra joven denunció públicamente que recibía amenazas de muerte. Las historias cambian de barrio y de familia, pero repiten un recorrido similar: control, intimidación, ruptura, persecución y una respuesta que, con demasiada frecuencia, llega cuando el peligro ya se ha convertido en una emergencia.

En agosto, la Procuraduría había desglosado 57 feminicidios. En 35 casos, el agresor era la pareja de la víctima y, en 17, su expareja. Veintitrés mujeres murieron en ataques con armas blancas, 19 por disparos, seis por asfixia y cuatro mediante el uso de combustibles; los demás hechos involucraron otros métodos. Más allá de la forma del ataque, el vínculo expone una amenaza común: una persona cercana, con acceso a la vida cotidiana de la mujer, conocimiento de sus horarios y capacidad para vigilar sus movimientos.

Los celos no son una prueba de amor. Tampoco lo son revisar el teléfono, aislar a una mujer de su familia, controlar su dinero, amenazarla o perseguirla después de una separación. Especialistas y organizaciones de apoyo advierten que estas conductas son señales de riesgo. Solo en el primer trimestre se presentaron 7.644 solicitudes de órdenes de protección, de las cuales 2.234 fueron concedidas. La brecha entre ambas cifras refleja la presión sobre el sistema y la urgencia de evaluar cada caso antes de que el peligro aumente.

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Francisco Herrera
Sobre el autor

Francisco Herrera

Reportero de Investigación

Periodista investigativo con enfoque en transparencia gubernamental y casos de corrupción. Premio Nacional de Periodismo 2022.