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Terremoto de Colombia 2024: análisis de su destructividad y vulnerabilidad estructural

Terremoto de 7.4 en Colombia deja más de 200 muertos y revela fallas en construcción sismo-resistente y vulnerabilidad del parque edificatorio.

Carmen Rodríguez

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

lunes, 17 de agosto de 20264 min de lectura

Un sismo de magnitud 7.4 sacudió el occidente de Colombia el 10 de agosto de 2024, provocando el colapso de decenas de edificios en Pereira, Manizales y Quibdó y dejando un balance preliminar de más de 200 fallecidos y sobre 2.700 afectaciones materiales. Se trata del terremoto más potente registrado en el país durante el siglo XXI y el más devastador desde el sismo de Armenia de 1999.

El epicentro se ubicó a cinco kilómetros de San José del Palmar, en el Departamento de Chocó, a una profundidad de 104 kilómetros, según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Allí convergen las placas Nazca y Sudamericana, una zona de larga actividad sísmica donde previamente ocurrieron eventos como el terremoto de Esmeraldas de 1906 (magnitud 8.8) y otros de 6.5 en 1962 y 7.7 en 1979.

El Servicio Geológico Colombiano clasificó el evento como un sismo interplaca de subducción de profundidad intermedia, en el cual la placa de Nazca se hunde bajo la Sudamericana, liberando energía mediante fricción. Algunos registros instrumentales mostraron diferencias de hasta dos minutos en la duración del movimiento, característico de los sismos de subducción frente a los de falla superficial.

Factores que explican la magnitud del daño

Aunque la magnitud 7.4 coloca al sismo en un rango intermedio a nivel global —lejos de eventos como Tohoku 2011 o Maule 2010—, su poder destructivo se explica por tres factores técnicos. En primer lugar, la escala de magnitud no es lineal: un aumento de un punto representa 32 veces más energía liberada, lo que hace que un sismo de 7.4 sea exponencialmente más poderoso que uno de 6.4.

En segundo lugar, la profundidad influye en la propagación de las ondas sísmicas. A 104 kilómetros, la energía debería haberse disipado significativamente antes de llegar a la superficie. Sin embargo, las condiciones del suelo en zonas urbanas como Pereira y Manizales amplificaron localmente las ondas, aumentando su impacto destructivo.

En tercer lugar, la duración del movimiento fue prolongada debido al régimen tectónico de subducción. Los sismos de este tipo duran más que los de corteza superficial, lo que incrementa el daño acumulado en las estructuras por exposición prolongada a las fuerzas sísmicas.

Vulnerabilidad del parque edificatorio colombiano

Colombia cuenta con reglamentos de construcción sismo-resistente desde 1984, actualizados en la Norma Sismorresistente NSR-10, vigente desde 2010. Esta norma exige que las estructuras resistan un terremoto de alta intensidad con un período de retorno de 475 años, priorizando la supervivencia de los ocupantes incluso si hay daños materiales.

No obstante, la aplicación de la NSR-10 no es generalizada. En Bogotá, solo el 40% de las edificaciones cumple con la norma, mientras que el 60% restante es vulnerable. Predomina la construcción informal con mampostería no reforzada o, en el mejor de los casos, mampostería confinada con columnetas de concreto para edificios de hasta cuatro pisos, materiales que carecen de resistencia a las fuerzas de tensión generadas por un terremoto.

Las estructuras patrimoniales tampoco están exentas de riesgo: la catedral de Manizales, la más alta de Colombia e inaugurada en 1938, resultó gravemente afectada debido a su baja resistencia a cargas laterales. Asimismo, se observó un problema recurrente: la falta de anclaje de elementos no estructurales como muros de mampostería, fachadas y escaleras a las vigas del edificio, lo que provocó su desprendimiento durante el sismo y causó muertes evitables.

El balance preliminar registra el colapso de 46 edificios en Pereira, 65 en Manizales y 17 en Quibdó, donde un edificio de cuatro pisos se derrumbó por completo. A una semana del evento, la prioridad sigue siendo la búsqueda de sobrevivientes, aunque el rango crítico de supervivencia sin agua ni alimentos (tres a cinco días) ya ha sido superado para muchas personas atrapadas.

La siguiente fase será el reconocimiento técnico de las edificaciones que resistieron el sismo con daños. Ingenieros especializados deberán evaluar estructura por estructura si los inmuebles son seguros para seguir habitados, requieren refuerzo o deben ser demolidos.

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Carmen Rodríguez
Sobre el autor

Carmen Rodríguez

Editora en Jefe

Periodista con más de 15 años de experiencia en medios dominicanos. Especializada en política y asuntos gubernamentales. Graduada de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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