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Teófilo Terrero: El teatro como pilar de la identidad nacional dominicana

Teófilo Terrero reflexiona sobre el teatro como pilar de la identidad nacional, la responsabilidad del artista y los desafíos de la cultura dominicana actual.

Lucía Fernández

Lucía Fernández

Editora de Cultura

domingo, 23 de agosto de 20263 min de lectura

Teófilo Terrero, figura emblemática del teatro dominicano con casi seis décadas de trayectoria, reflexiona sobre el papel transformador del arte escénico en la construcción de la identidad nacional y el desarrollo social de República Dominicana.

Tras recorrer sus inicios en Azua y Ocoa, su formación en el Teatro Estudiantil, su paso por Gayumba y el Teatro Gratey, Terrero se consolida no solo como actor, maestro, productor y promotor cultural, sino como un ciudadano comprometido con el impacto social del teatro. Su experiencia lo lleva a plantear una pregunta profunda: ¿qué ha hecho el teatro en Teófilo, más allá de lo que él ha hecho en el teatro?

Para Terrero, la cultura no es un adorno ni un lujo, sino un pilar esencial del desarrollo nacional. Afirma contundentemente que una nación no puede desarrollarse plenamente sin una cultura sólida, y cita el lema de Casa de Teatro: "La cultura somos todos". Según él, una nación desarrollada es aquella cuyos valores identitarios están arraigados en el sentir y emocionar de cada ciudadano.

Esta identidad, explica, va más allá del reconocimiento de símbolos nacionales: implica sentirlos, comprenderlos, conocer el origen y reconocer lo compartido. En un contexto de fragmentación social, Terrero destaca que una nación requiere más que un territorio común: necesita memoria colectiva, relatos y expresiones culturales que definan quiénes somos. Aquí entra el teatro como constructor de memoria histórica y social.

Sobre el rol del artista, Terrero sostiene que los artistas eterizan los símbolos, aunque el tiempo los transforme. Tienen la capacidad de traducir conceptos complejos en experiencias accesibles, trabajando con un lenguaje múltiple que abarca lo visual, sonoro, plástico, táctil e incluso olfativo y gustativo. Pero su influencia es profunda: los artistas pueden construir o destruir héroes, mantener o romper tradiciones, y dar forma a la historia que el pueblo adopta como propia.

Esta responsabilidad trasciende lo estético: el arte participa activamente en cómo una sociedad se cuenta a sí misma, puede preservar o deformar la memoria, recuperar o hacer desaparecer tradiciones, y elevar o cuestionar figuras heroicas.

Al preguntársele qué aspectos de la dominicanidad deben preservarse, Terrero menciona valores como la hospitalidad, la alegría, el amor por los deportes, las artes y las ciencias, así como expresiones vivas como el carnaval, los compartidos de fin de año, las retretas, las devociones religiosas y el deporte cotidiano. Para él, la cultura viva se encuentra en esas pequeñas acciones que se transmiten de generación en generación, casi sin darse cuenta.

No obstante, advierte sobre riesgos actuales: la escasa visión de las autoridades, el desdén por los Derechos Culturales, el bajo esfuerzo en mantener tradiciones y la concentración de actividades culturales en las grandes urbes. Esta centralización, señala, deja atrás a comunidades que también merecen acceso a la expresión artística y la preservación de su identidad.

La reflexión de Teófilo Terrero invita a reconocer al teatro no como un espectáculo aislado, sino como un instrumento de cohesión social, memoria y transformación nacional.

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Lucía Fernández
Sobre el autor

Lucía Fernández

Editora de Cultura

Crítica cultural y escritora. Especializada en arte, música y entretenimiento dominicano. Columnista con 10 años en medios nacionales.

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