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La psicología y sociología detrás del saqueo en situaciones de emergencia

Expertos explican cómo la desindividualización y el contagio emocional en multitudes pueden llevar al saqueo durante crisis, rechazando que la pobreza sea causa determinante.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

lunes, 24 de agosto de 20263 min de lectura
La psicología y sociología detrás del saqueo en situaciones de emergencia
La psicología y sociología detrás del saqueo en situaciones de emergencia

El comportamiento de las multitudes durante crisis revela mecanismos psicológicos y sociales complejos que explican por qué individuos normalmente respetuosos de la ley pueden participar en actos de saqueo, según análisis de expertos en psicología social y sociología.

Julio Valeirón, psicólogo social, y Cándido Mercedes, sociólogo, coinciden en que fenómenos como incendios, accidentes o desastres naturales pueden desencadenar respuestas contradictorias: mientras algunos ofrecen ayuda, otros aprovechan el caos para apropiarse de bienes ajenos.

Según Valeirón, la desindividualización es un proceso clave: en situaciones de masa, la identidad personal se debilita y el individuo comienza a actuar conforme a lo que observa en el grupo. “Tú pierdes tu identidad personal, tú estás actuando como masa”, afirma, explicando cómo la conciencia individual y los valores morales pueden quedar relegados ante la influencia del comportamiento colectivo.

Mercedes, desde la perspectiva sociológica, describe un fenómeno similar mediante los conceptos de contagio emocional y anonimia. Cuando una persona ve a otros apropiarse de mercancías durante un incendio o accidente, puede sumarse bajo la percepción de que su acción se diluirá en el grupo y no tendrá consecuencias individuales. “El ser humano se despersonaliza”, señala, aunque aclara que explicar sociológicamente un comportamiento no equivale a justificarlo.

Ambos expertos destacan que el comportamiento de los demás se convierte rápidamente en un referente social. Si inicialmente una persona toma un objeto y luego lo hacen cinco, diez o veinte, lo que al principio se veía como una transgresión puede comenzar a percibirse como una oportunidad dentro del grupo. Este proceso, relacionado con el contagio social, lleva a que la responsabilidad individual se diluya en el colectivo, desplazando la racionalidad por la emocionalidad.

Sin embargo, los especialistas rechazan la idea de que quienes saquean sean necesariamente delincuentes habituales. Una persona que nunca tomaría un objeto ajeno en circunstancias normales puede, dentro de ciertas dinámicas grupales, cruzar límites que normalmente respetaría. Valeirón y Mercedes resaltan la importancia de los valores personales, la formación y los referentes éticos: ante el mismo incidente, uno puede robar la carga mientras otro corre a auxiliar a las víctimas.

Sobre el papel de la pobreza, ambos coinciden en que no es una causa determinante del saqueo. Valeirón reconoce que las frustraciones por falta de oportunidades pueden influir, especialmente en sectores empobrecidos, pero rechaza reducir el fenómeno a una relación inevitable entre carencia económica y delito. Recuerda el caso de una familia extremadamente pobre en Los Guandules, cuyos padres, pese a sus privaciones, priorizaron la educación de sus hijos y compartieron lo poco que tenían con vecinos necesitados.

Mercedes es enfático: “La mayoría de los pobres son decentes, son dignos”. Aunque la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la falta de oportunidades pueden generar tensiones y frustraciones, no existe un vínculo inevitable entre la carencia económica y la apropiación ajena. Además, observa que en muchos saqueos participan personas que llegan en vehículos para transportar electrodomésticos u otros bienes, indicando que conductas de beneficio indebido pueden ocurrir en cualquier estrato social.

Finalmente, ambos especialistas identifican la impunidad como un factor de preocupación creciente. Cuando las transgresiones a las normas no generan consecuencias repetidamente, las restricciones individuales se debilitan y el riesgo de conductas antisociales aumenta, independientemente del contexto económico.

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Sobre el autor

Isabella Santos

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Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.

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