Educación

Medir el impacto real de la Feria Internacional del Libro: más allá de las cifras de asistencia

Proponemos medir el impacto real de la Feria Internacional del Libro mediante un Informe Anual de Impacto Lector que evalúe formación de lectores, no solo asistencia.

Isabella Santos

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

domingo, 27 de septiembre de 20264 min de lectura
Medir el impacto real de la Feria Internacional del Libro: más allá de las cifras de asistencia
Medir el impacto real de la Feria Internacional del Libro: más allá de las cifras de asistencia

La Feria Internacional del Libro debe evaluarse no solo por la cantidad de visitantes, sino por su capacidad de generar cambios duraderos en los hábitos de lectura. Hasta ahora, el análisis de este evento cultural se ha centrado en indicadores de actividad, como el número de asistentes o libros distribuidos, sin profundizar en su impacto real sobre la comprensión lectora y la formación de lectores críticos.

Convertir indicadores de actividad en indicadores de impacto es esencial para comprender si la Feria está contribuyendo efectivamente a transformar la realidad educativa y cultural del país. Decir que participaron cien mil estudiantes no equivale a afirmar que una parte significativa continuó leyendo las obras trabajadas durante el evento y mostró avances verificables en comprensión lectora. Esta última afirmación sí habla de transformación.

Una actividad puede reunir a diez mil personas y generar poco cambio, mientras que otra con cincuenta participantes puede producir una experiencia que acompañe a los jóvenes durante años. Por eso es fundamental distinguir entre actividad (¿qué hicimos?), resultado (¿qué conseguimos?) e impacto (¿qué cambió?).

Propuesta de una nueva cultura de evaluación

Se propone crear una unidad de medida que priorice la formación de lectores sobre el simple conteo de visitantes. Esto implica dejar de considerar el número de asistentes como el principal indicador de éxito y comenzar a contar lectores reales, con seguimiento preciso de sus comportamientos posteriores a la Feria.

Un niño que recibe un libro no se convierte automáticamente en lector, al igual que un estudiante que participa en un taller no necesariamente desarrolla un hábito de lectura. Por eso, el seguimiento resulta indispensable para responder preguntas como: ¿Cuántos libros entregados fueron realmente leídos? ¿Cuántos estudiantes participaron en clubes de lectura y cuántos de esos clubes continuaron funcionando seis meses después? ¿Qué evolución tuvo la comprensión lectora de los participantes?

Informe Anual de Impacto Lector

Como iniciativa concreta, se propone la creación de un Informe Anual de Impacto Lector de la Feria Internacional del Libro, que debería ser público, presentarse después de cada edición y permitir comparaciones anuales. Este documento no tendría que justificar una gestión, sino servir para identificar qué funcionó, qué no y qué se debe mejorar.

El informe podría medir aspectos como:

  • Nuevos lectores incorporados
  • Libros distribuidos y efectivamente leídos
  • Participación y permanencia en clubes de lectura
  • Continuidad de programas escolares iniciados durante la Feria
  • Uso de bibliotecas públicas y escolares
  • Participación de las familias en actividades de lectura
  • Circulación de literatura dominicana
  • Evolución de la comprensión lectora en programas vinculados al evento
  • Continuidad de las iniciativas iniciadas durante la Feria

Algunos de estos resultados requerirán meses o incluso años para medirse, lo cual es aceptable, ya que formar lectores no es una operación de corto plazo. La verdadera transformación comienza cuando la Feria deja de verse como un acontecimiento limitado a sus días de apertura y se concibe como un proceso que incluye preparación previa y seguimiento posterior.

Meses antes del evento, podrían seleccionarse libros específicos para trabajar en las escuelas, con materiales y orientaciones para maestros. Los estudiantes tendrían tiempo para leer, podrían formar clubes de lectura y las bibliotecas preparar programas complementarios. Al llegar a la Feria, no serían simples visitantes, sino lectores con algo que preguntar, comentar y discutir.

Del mismo modo, la Feria no debería terminar cuando cierren sus puertas. Allí comenzaría una segunda etapa: ¿qué hicieron los estudiantes con lo que leyeron? ¿Continuaron leyendo? ¿Regresaron a la biblioteca? ¿Leyeron otro libro? El verdadero éxito estaría en lograr que un libro conduzca a otro, pues cuando un niño descubre una obra que realmente le interesa, se abre una puerta hacia futuras lecturas y un hábito que puede transformar su vida.

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Isabella Santos
Sobre el autor

Isabella Santos

Corresponsal de Deportes

Apasionada del deporte dominicano. Cubre béisbol de Grandes Ligas, baloncesto y eventos deportivos nacionales. Comunicadora social de PUCMM.